Hace veinte años ya, que se dice pronto.
Entonces yo era una jovencita que quería quedarme en Salamanca a pasar el verano y, para ello, me busqué un trabajo estival.
Me contrataron como comercial de ONO y en dos semanas me enviaron a Ávila.
Hacía días que un roce en en el ombligo me hacía daño, no quería tocarme porque me daba pánico encontrar el bulto que sabía que tenía. Pero llegó un momento en que no pude aguantar más.
Esa misma tarde me ingresaron en el hospital Nuestra Señora de Sonsoles y al día siguiente, muy temprano, entré en el quirófano para operarme de urgencia de una hernia umbilical.
El cirujano se llamaba Pablo Gil y era un magnífico doctor.
Veinte años han pasado.
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