Hace unos años, cuando teníamos a Yoguito, un perrito adorable, cuando había tormenta se metía tembloroso debajo de mi cama y no salía hasta que había pasado. A veces conseguía sacarle, le acariciaba y le hablaba suavemente para que no tuviera miedo.
Lo pasaba verdaderamente mal.
Hoy he mirado un momento hacia la ventana y he visto relámpagos cada pocos segundos. Y he sentido un retemblor. Porque se ilumina la noche cada vez. Entonces he recordado a Yoguito.
Parece que la tormenta está remitiendo. Ahora me gusta salir al balcón a embriagarme de ese aroma a frescura.
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