El fútbol no es algo que me entusiasme, sobre todo cuando mis hermanos encienden la televisión y no ponen más que los deportes de todas las cadenas. Sin embargo, ya es otro cantar si tengo que acercarme a ver un clásico o una final a un bar, donde se respira un ambiente diferente.
Mi tío, el que falleciera en septiembre de 2007, era culé a tope y, desde pequeños, nos inculcó a todos los sobrinos la afición por el Barcelona.
Así que, cuando el año pasado, los de la peña barcelonista nos pidieron que les gestionáramos las cuentas yo no esperaba que me iba a involucrar tanto. De hecho, gestionar la peña es como un aire de viento fresco entre tantas comunidades, que en su mayoría están llenas de problemas y a veces de gente muy, pero que muy desquiciada.
Tuvimos la reunión en la semana que nevó y tuve que arbitrarla yo, sin apenas darme cuenta de que no se trataba de una comunidad, sino que más bien los socios se toman las cosas con otro talante diferente. La peña organiza actividades interesantes, lástima que sean siempre los mismos quienes organicen. Cuando salí de la reunión decidí hacerme también de la peña. Y así fue como me acerqué al acto del reparto del salchichón y a partir de aquel momento algo cambió.
Es decir, pertenecer a un grupo de personas que tienen algo en común te llena de energía nueva cada día. Después de la degustación y de haber aparecido en el periódico, la gente ya me tiene etiquetada como barcelonista. Y con únicamente dos meses dentro de la peña puedo decir que cualquier actividad se controla desde mi oficina.
Así que, aunque tuviera reunión de mi propia comunidad para arreglar el bendito tejado que si no se arregla terminará como un colador, tras haber votado previamente a todos y despedirme, hemos hecho el sorteo. Un sorteo en el que, a última hora, nos hemos apuntado mi hermano y yo. Se trataba de sortear cuatro entradas para la final de la Copa del Rey que se celebrará en Barcelona el 30 de mayo. Mi hermano y yo somos unos pecadores, porque ese mismo día tenemos boda y no podíamos estar en los dos sitios a la vez. No nos ha tocado, pero si hubiera ocurrido, hubiéramos marchado a Barcelona.
Ahora bien, el hecho de organizar los papeles para el bombo, de sacar un papel con cada número de socio y dar la noticia a los agraciados me ha brindado sensaciones nuevas. Hemos terminado tomando cervezas.
Lo dicho, no suelo ver fútbol, pero si me hubiera tocado una entrada a ver la final sí que hubiera ido. Esperaré al sorteo de Berlín, que no me importaría volver a Alemania.
***La foto es de mi tío cuando era joven y danzaba en las fiestas. Si él estuviera aquí seguro que también sería peñista y disfrutaría con nosotros.

4 comentarios:
Cuando el Real Madrid y el Barcelona juegan con equipos naciones siempre quiero que pierdan ambos. Si juegan con extranjeros, quiero que ganen. Si se enfrentan los dos quiero lo imposible, que pierdan ambos.
Salu2 balompédicos, K.
Me tira más el Barça, pero no disfruto mucho con el fútbol. Ni siquiera sé cuándo es fuera de juego.
Me hice peñista por la gente que hay dentro. Y cuando tengo que escribir una circular sobre algún partido ni siquiera sé qué equipo tengo que poner primero. Pero me lo perdonan.
La cuestión es que si hay que ir a Barcelona... se va. Para mí un partido es lo de menos.
Saludos!!
Lo que pasa es que estoy hasta las narices de que todo está supeditado al Madrid y al Barcelona. Si ganan porque han ganado. Si pierden porque han perdido. Que si Messi ha estornudado, que si a Ronaldo le duele la coscusilla, y así todo.
¡Qué hartazgo!
Sólo he ido una vez a un partido, y porque se lo había prometido a mis hijos.
Salu2 con balones fuera.
Yo fui con mi tío cuando era pequeña, y fíjate si debía ser pequeña que jugaban en Logroño el Logroñés y el Barça, cuando el Logroñés estaba en Primera. Anda que no ha llovido ni nada.
Pero te doy toda la razón. Yo tengo repelús al fútbol en general porque en mi casa, con mis hermanos, siempre me veía obligada a ver partidos, deportes de todas las noticias, etc.
Si te digo la verdad, de los deportes televisados, a mí sólo me gusta ver el motociclismo desde que leí una biografía de Valentino Rossi. Y mira, no me importaría ir a verlo.
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