He de decir que, en cierto modo, necesito que llegue la rutina. Mañana terminarán las fiestas con el entierro de la cuba al anochecer. Entre los calores y tantos días de relativa tranquilidad en la oficina, llego a casa que no sé ni dónde estoy. Tal cual, ayer a las once me caía de sueño.
Mañana no es festivo aquí, pero como si lo fuera. Yo guardaré fiesta a partir de las tres, momento en que iré a comer los 'caparrones' de San Isidro a un pueblo que los reparte todos los años en un ambiente muy fiestero.
Hoy no se ve un alma por las calles. En el polígono había concurso de paellas y se encuentra la mayor parte de la gente allí, degustando la paella que se reparte gratuitamente hacia las tres.
Por otro lado, he tenido que poner el móvil en silencio porque he salido en el periódico y la gente no para de comentarlo. Como si no supiera que iba a salir, de ahí que a las nueve haya parado en un kiosko a cogerlo. Todos los días no nos convertimos en famosillos de un día.
En fin, que sí, que acaben ya las fiestas...
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