sábado, marzo 24, 2018

El pequeño hoplita

Hace unas semanas me acordé de El pequeño hoplita, un libro infantil sobre un hecho histórico -la batalla de las Termópilas- escrito por Arturo Pérez-Reverte e ilustrado por Fernando Vicente.
En mi casa tengo algunos libros ilustrados que termino regalando a mis sobrinas, y si aún me dura éste es porque me cuesta desprenderme de él por el hecho de estar escrito por Pérez-Reverte. Pero supongo que será cuestión de meses. Me desaparecen los libros ilustrados como por arte de magia, algo comprensible cuando mis sobrinas se encuentran cerca, que arrasan con todo, y no sólo con libros.
Estoy a punto de terminar una novela, pero he tenido que parar porque el tema que toca no es agradable, ya que habla de una pandemia a nivel mundial, y aunque es ficción, hay momentos que me cuesta digerir, sobre todo cuando habla de ratas y pulgas y describe todo al milímetro.
Así que he cogido este libro infantil, a modo de respiro, y porque me ha costado leerlo unos minutos. Hay mucha ilustración y dos líneas de texto más o menos por cada página. 
Viene a explicar cómo los trescientos espartanos a las órdenes de Leónidas fueron a una muerte segura al desfiladero de las Termópilas para enfrentarse con el numeroso ejército persa. En el cuento Pérez-Reverte se inventa a un niño que les acompaña y que quiere luchar, pero Leónidas le manda de vuelta a Esparta para que cuente a todos lo que ha ocurrido en las Termópilas. Y ese niño crecerá y se lo contará a su hijo... y para que se supiera en siglos venideros lo que allí ocurrió.

Debería leer más novelas históricas sobre Historia Antigua. 
Hoplitas: Guerreros griegos que tomaban su nombre del hoplón, escudo redondo que portaban

LOS AUTORES:

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Arturo Pérez-Reverte nació en Cartagena, España, en 1951. Fue reportero de guerra durante veintiún años. Con más de veinte millones de lectores en todo el mundo, muchas de sus novedades han sido llevadas al cine y a la televisión. Hoy comparte su vida entre la literatura, el mar y la navegación. Es miembro de la Real Academia Española.

Página web del autor.

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Fernando Vicente nació en Madrid en 1963. Pintor e ilustrador de formación autodidacta, sus primeros trabajos aparecieron en la década de los ochenta en las revistas Madriz y La Luna de Madrid. Actualmente publica en el diario El País y sus diversos suplementos. Ha ganado tres premios Award of Excellence de la Society for News Design. Ha participado en importantes exposiciones en espacios como ARCO, Círculo de Bellas Artes de Madrid o en el Museo de ABC.


EL LIBRO:

Título original: El pequeño hoplita
Autores: Arturo Pérez-Reverte y Fernando Vicente
Editorial: Alfaguara (1ª edición, abril de 2010)
ISBN: 9788420405681

Valoración: 10/10

RETOS:

Sólo voy a incluir este libro en el Reto Genérico, en la modalidad de novela infantil. Por circunstancias obvias, no es como leer una novela habitual, pero sin embargo no suelo leer libros infantiles (en realidad y con mis sobrinas en los últimos meses suelo leer libros infantiles, pero nunca los reseño), por lo que sí veo necesario llevarlo al Reto Genérico.

Txurrería

En vísperas de Semana Santa siempre se llenan las calles de barracas, tiovivos y puestos varios. Lo malo es que ocupan espacios que habitualmente están destinados a aparcamientos.
De todas formas, siempre se agradece ese incremento de gente, y por supuesto los días festivos.

Tranquilamente...

Me he tomado con mucha parsimonia la limpieza semanal, tanto que aún no he terminado. Pero no importa, que las horas del sábado pasan lentamente. 
Lo que ocurre es que de repente me apetece leer un capítulo más y paro lo que esté haciendo para reanudar la lectura. Ayer pasaba del ecuador del libro y no estoy muy segura de terminarlo hoy, pero con el anterior de Franck Thilliez me ocurrió algo parecido. 
Así que ahí sigo alternando entre la fregona y el libro. Claro que en un rato saldré a la calle a comprar el pan.

Sin nada que pensar

Llevo remoloneando desde las siete de la mañana. He desayunado, me he puesto a leer y me pasaría toda la mañana en pijama.
Sin prisas, sin nada que pensar más que en lo que voy leyendo.
Cómo me gustan estas mañanas de sábado...

viernes, marzo 23, 2018

Debe ser la primavera

No sé qué ocurre que desde que empezó la primavera no quiero más que estar en la calle. Si no recuerdo mal desde hoy se pueden poner las terrazas y a mí me encantan las terrazas de verano.
No hace mucho que he llegado a casa. Y se me había pasado olvidado que los viernes son de pintxopote.

Calamares y sepia

Lo que se me ha olvidado hoy es que es día de pintxopote.
Ha estado bien cenar fuera hoy. Cuando hemos salido llovía...

Nuevas adquisiciones

Hoy me he escapado a la librería y me he traído dos libros. Creo que tenía mono de comprar libros.
Ya termina la semana...

Mensajes en rosa

Mis sobrinas anoche me prepararon sendos mensajes. La mayor, que emula mis cuentos, enseguida escribió sobre una alfombra voladora y una princesa que se llamaba como yo. La pequeña, que sólo sabe escribir su nombre, me ha dibujado su mano, con la pulsera que les regalé hace dos días.
Se agradece recibir estos mensajes.

jueves, marzo 22, 2018

Qué placer

Qué placer estás horas hasta que me entre el sueño...
Qué placer, con el frío que hace en la calle...

Últimamente me quedo dormida antes de medianoche y me despierto a las siete. Por lo que lo que haya dejado sin leer por las noches lo reanudo por las mañanas.

De pequeños placeres se llenan los días.

Manos frías

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Hace una hora que venía a mi casa y es que la gente me para por la calle a preguntarme tal y cual. En esos momentos dan ganas de decirles de todo, pero respondo y muy dulcemente les digo a todos que no son horas, que se pasen por la oficina o llamen. En esas me ha costado llegar a casa una hora de reloj. Y tengo las manos heladas, tanto que me cuesta hasta teclear. 
No tengo más que ganas de que llegue el fin de semana para descansar. Poco a poco vamos dando pasitos. Y es que este mes me encuentro como si escalara una montaña, pero lo dicho, que cada vez me encuentro más cerca de la cima. 

Tarde soleada

Últimamente no tengo paciencia para escuchar la misma historia día sí y día también.
No tengo ganas más que de marcharme.
Lo bueno es que daba gusto salir a la calle con la tarde soleada.

Media hora

En media hora me tengo que marchar y no me apetece nada abandonar la novela. Será cuestión de una hora, pero que no me apetece.
Se me pasan los días que apenas me entero. También las semanas y los meses pasan raudos, tanto que marzo está despidiéndose ya...

miércoles, marzo 21, 2018

Gute Nacht!**

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He llegado a casa con el frío pegado al cuerpo y, como no podía ser de otra manera, he dejado que el agua caliente de la ducha resbalara por mi piel. Ahora tengo un pequeño problema práctico y es que, como sigo sin tener un secador, no sé a qué hora podré irme a la cama con el pelo seco. No importa, porque en ese rato estaré leyendo.
Lo que siento de verdad es un cansancio insólito. Es que se me caen los párpados.  



**Gute Nacht: Del alemán, 'buenas noches'.

La sorpresa de la noche

Hace unos días me puse en contacto con una editorial. Es una editorial pequeña pero en 2008 me hicieron tocar el cielo con las yemas de los dedos.
Corría el mes de septiembre y mi teléfono sonaba con un número desconocido. Cuando respondí y me explicaron el motivo de la llamada me sentí desbordada de emoción.
"Has ganado este certamen de entre muchos (no sabría ahora decir cuántos participantes había), no dejes de escribir porque tus palabras enganchan". Algo así me dijeron. Después llegó el trofeo y las publicaciones.
En realidad no me gusta ese relato con el que gané, pero es algo mío. Y como es mío, aunque sea consciente de haber escrito cosas mucho mejores, pues lo guardo a buen recaudo.
Ni que decir tiene que aquí tengo el trofeo, la revista de pasta dura donde lo publicaron, una edición del compendio de varios relatos de esa edición y marcapáginas con mi nombre.
Como no me gusta el relato me olvido de él, pero si quiero regalárselo a alguien no tengo más ejemplares. Así que me he puesto en contacto con la editorial.
Y la editorial no sólo me está preparando el paquete sino que me ha escrito un email muy cálido, nada de palabras mecánicas, sino de tú a tú.
Es genial saber que diez años después se siguen acordando de ti, pero no sólo eso. El email me ha emocionado, casi como si el certamen lo hubiera ganado ayer.

Noches mágicas

Yo no esperaba salir hoy. No después de las siete. Y es cierto que estoy enganchada a la novela actual. Hacía mucho frío, pero daba igual. Necesitaba aire, y estar con gente...

Gambrinus

A mí me cuesta poco ir por ahí cualquier día a tomar algo. Con el pijama a medio poner me he vuelto a vestir y he marchado a tomar una cerveza y a picotear algo.
Venía una amiga de Logroño y me decía que si bajaba o no. Y mi respuesta ha sido algo como: "si entras aquí no te voy a decir que no".
Tal cual. Hace unos minutos que he llegado a casa.

2 minutos de sol

Muchas tardes entra el sol del atardecer por las rendijas de las persianas. Pero es cuestión de minutos: o lo pillo, como ahora, o habrá desaparecido.
Ver esos resquicios de sol me hace sonreír porque en invierno brillan por su ausencia.
Si mi madre estuviera aquí seguro que diría: "Pon cortinas o estores, pero cubre las ventanas".
Si viviera en un primer piso las hubiera cubierto para preservar mi intimidad, pero aquí arriba no lo necesito... de momento.

Una tarde tranquila

En realidad sólo he dejado de leer para buscar a mi hermano y entregarle mis mensajes a mis sobrinas. Hoy me ha preguntado qué diablos les he metido que lo he cerrado tan bien.
Se agradece el sol, aunque el aire sigue siendo muy frío. De todas formas, he vuelto a mi casa y he decidido no salir en lo que queda de día. Que no aguanto bien el frío.

martes, marzo 20, 2018

De libros y más

Hoy no sabría vivir sin un libro o, más bien, sin una lectura entre manos.
Da igual cuándo llega ese amor a los libros, lo importante es que llegue.
Y esto lo digo porque yo ahora leo muchísimo, porque mis horas libres son para los libros, porque no puedo marcharme de viaje sin una novela, porque me gustaría que el día tuviera unas horas más sólo dedicadas a leer.
Pero hubo una época donde yo no leía absolutamente nada. Crecí en la infancia rodeada de multitud de libros que acumulaba en las estanterías sin dignarme a pasar de la primera página. Y cuando los cogía era para buscar una ilustración que me apetecía dibujar. Sí, aquellos libros infantiles ilustrados nunca los leí, pero los dibujé.
Cogía libros de la biblioteca del colegio porque todo el mundo los cogía, pero volvían al colegio sin que hubiera abierto una página.
Todo cambió a los quince años, cuando en 2º de BUP decidí pasarme por la biblioteca. Después de estar una hora mirando libros decidí llevarme Pupila de águila. Recuerdo perfectamente la trama del libro. Recuerdo cómo me enganchó. Y recuerdo que lo devolví a la biblioteca esperando coger otro libro juvenil que me contara otra historia.
A los dos meses me hice socia del Círculo de Lectores falsificando la firma de mi padre (era menor). A los seis meses habían pasado por mis manos El nombre de la rosa y Los renglones torcidos de Dios. Para entonces ya no podía parar.
Leía los libros obligatorios de la asignatura de Literatura y entonces descubrí que también me gustaban los autores del Siglo de Oro. Miraba al profesor de literatura y me fascinaba; y la fascinación era mutua: descubrió que escribía para medio internado las poesías que él nos mandaba hacer, descubrió que yo no me limitaba a las lecturas obligadas sino que si me gustaba Lope de Vega, por ejemplo, intentaba leerme el mayor número de obras de él, aunque sólo una era la obligatoria, o me leía varios libros de Vicente Blasco Ibáñez, aunque yo entonces no supiera que lo estudiaríamos en COU. Hoy en día sigo teniendo relación con este profesor.
Para cuando fui a la universidad yo devoraba libros y comenzaba a tener una biblioteca interesante. Porque muy pronto me di cuenta de que me costaba separarme de los libros que leía.
Ni que decir tiene que Pupila de águila y unos cincuenta libros más de la colección Gran Angular para jóvenes ocupan un lugar destacado en mis estanterías. Y es que es eso: esas novelitas que hoy me llevan dos horas de lectura me descubrieron un mundo mágico. Claro que si hoy las leo me saben a poco, es para un público adolescente.

A ver quién tiene más pendientes

Tengo una amiga que enseguida está mostrando su estantería de libros pendientes. Así que hoy toca...
Mi estantería de pendientes va desde el suelo al techo y mientras no haya libros tumbados sobre los que se ven es que ha bajado bastante en los últimos meses.
Me pregunto si algún día conseguiré vaciar alguna balda entera, teniendo en cuenta que hay dos filas de libros en cada una, sólo que la fila de detrás no se ve. A veces tengo que sacar libros para ver qué hay al fondo...
Demasiados... Tengo que liberar mucho más esa estantería.