Para mí, El Principito es una de las novelas más espectaculares jamás escritas. Alguna vez he comentado por aquí que aprendí a leer con este libro, y es cierto. Cuando en la escuela leíamos en voz alta, justo después de haber aprendido el vocabulario, era este libro el que nos repartía la profesora, que no era el adecuado para muchachos de cinco y seis años, básicamente porque en esa época no se tiene aún la suficiente capacidad de comprensión lectora: estás más preocupado por decir bien las letras, que te olvidas de lo que has leído, y además los psicólogos tienen dicho que la capacidad de raciocinio se adquiere a partir de los siete años. Por lo que no era la lectura más adecuada como primera lectura.
Sin embargo, yo tenía (y tengo) un ejemplar bilingüe en casa que decidí leerlo cuando era universitaria. Lo leí en castellano, aunque me gustaba coger párrafos en francés y leerlos en voz alta (el francés me enamora por su sonido).
Empezando por la dedicatoria del autor, ya comienza a enamorarnos. Incluso esta dedicatoria nos llega muy adentro.
"(A León Werth)Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande.Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo.Tengo otra excusa: esta persona grande puede comprender todo; incluso los libros para niños.Tengo una tercera excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío.Tiene verdadera necesidad de consuelo.Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo.Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria:(A León Werth, cuando era niño)."

El Principito es un cuento poético que contiene ilustraciones hechas por el propio Saint-Exupéry. En él, un piloto se encuentra perdido en el desierto del Sahara después de que su avión sufriera una avería, pero allí conoce a un pequeño príncipe proveniente de otro planeta. La historia tiene una temática filosófica, donde se incluyen críticas sociales dirigidas a la extrañeza con la que los adultos ven las cosas. Estas críticas a las cosas "importantes" y al mundo de los adultos van apareciendo poco a poco a lo largo de toda la narración.
Aunque se ha considerado un libro infantil por la forma en que se encuentra escrito, posee observaciones profundas sobre la vida y la naturaleza humana. Esto se puede ejemplificar en el encuentro entre el principito y el zorro, que le enseña el verdadero sentido de la amistad y la esencia de las relaciones humanas; de hecho, la esencia misma del libro se encuentra reflejada en el secreto que le obsequia el zorro al principito: "Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos". Otras temáticas esenciales expresadas a través de la sabiduría del zorro son: "Te haces responsable para siempre de lo que has domesticado" y "El tiempo que perdiste con su rosa hace que tu rosa sea tan importante".
El narrador cuenta que una vez, cuando era niño, hizo un dibujo de una boa que digería a un elefante, pero todos los adultos que veían el dibujo lo interpretaban erróneamente como un sombrero. Cuando el narrador trata de corregir esta confusión, se le aconseja que deje de lado los dibujos y se dedique a algo más productivo. El narrador se lamenta de la poca comprensión que tienen los adultos por la creatividad.
Convertido en adulto, el narrador se ha convertido en un piloto y, un día, su avión sufre una avería en el desierto del Sahara, lejos de la civilización. De la nada, aparece un niño al que el narrador llama "el principito". Éste le pide que le dibuje un cordero, pero en su lugar, el narrador decide mostrarle su viejo dibujo del elefante dentro de la boa, que, para su sorpresa, el niño interpreta correctamente. Después de varios intentos fallidos para dibujar un cordero, el narrador termina por dibujarle una caja y le explica que el cordero se encuentra en su interior; el principito lo acepta y responde que eso era lo que quería.
Desde entonces, el principito había visitado otros seis planetas, cada uno de los cuales estaba habitado por algún adulto de mente estrecha. En el primero, se topó con un rey sin súbditos y, más adelante, con un hombre vanidoso que se creía la persona más admirable en su desolado planeta. En el tercer planeta había un borracho que bebía para olvidar la vergüenza de ser un borracho, mientras que en su próximo viaje conoció a un hombre de negocios que contaba sin cesar las estrellas y absurdamente afirmaba ser dueño de todas ellas. Seguidamente se encontró con un farolero que encendía y apagaba su faro cada minuto y, por último, llegó al planeta de un anciano geógrafo que estaba tan centrado en la teoría que en realidad nunca había explorado el mundo que tanto decía conocer. Cuando el geógrafo le pidió que describiera su casa, el principito mencionó a su rosa, pero el anciano le explicó que no registraba cosas "efímeras" como las plantas. El pequeño príncipe estaba sorprendido y dolido por esta revelación, ya que la rosa era de gran importancia para él, pero tras superar el ánimo, le pidió al geógrafo que le sugiriera otro planeta para visitar, y éste le recomendó la Tierra.

Mientras el narrador intenta reparar el motor de su avión, el principito cuenta su historia sobre cómo llegó a la Tierra. Comienza describiendo su pequeño planeta de origen, un asteroide (el B612), poco más grande que una casa. Las características más destacadas del asteroide son sus tres pequeños volcanes, uno de los cuales se encuentra inactivo, y sus variedades de plantas.
El príncipe cuenta cómo pasa sus días en el pequeño planeta: limpiando los volcanes y quitando ciertas semillas que infestan el suelo, sobre todo las semillas de los árboles baobabs que constantemente tratan de crecer. Al parecer, el principito quería un cordero para que se comiera esas plantas indeseables, hasta que el narrador le dice que un cordero también podrá comerse una rosa con espinas. Al oír esto, el príncipe habla del aprecio que tiene por una misteriosa rosa que de pronto empezó a crecer sobre la superficie del asteroide hace algún tiempo. El pequeño explica que cuida y protege a su rosa con un biombo y una cúpula de cristal y, aunque estaba encantado con ella, de pronto empezó a sentir que se estaba aprovechando de él. Por tanto, el principito decidió abandonar su planeta y explorar el resto del universo. A pesar de que la rosa se disculpó por su vanidad y se reconciliaron, le animó a seguir adelante con su viaje y el príncipe obedeció.
En la Tierra, el principito aterrizó en el desierto, lo que le llevó a creer que el planeta estaba deshabitado. Conoció a una serpiente amarilla que decía tener el poder de hacer que las personas regresaran al lugar de donde vinieron. Después se encontró con una flor que le dijo que no había visto personas desde hacía muchos años. Tras subir a la montaña más alta que había visto en su vida, el principito esperaba ver toda la Tierra, pero en cambio sólo vio un paisaje desolado. Cuando el príncipe llamó, su eco le respondió, y pensó que se trataba de otras personas burlándose de él. Más tarde, se encontró con un jardín lleno de rosas que lo hizo sentir desgraciado, pues pensaba que su rosa era única en el universo. Después de eso, el pequeño pensó que no era un gran príncipe, ya que su planeta sólo tenía tres pequeños volcanes y una flor que en la Tierra era muy común. Con tristeza, el príncipe lloró hasta que apareció el zorro que quería ser domesticado y que, a su vez, le explicó que su rosa era realmente única y especial porque él la quería. El zorro también le explicó que, en cierto modo, el príncipe había domesticado a la rosa y por eso se sentía responsable de ella. El príncipe, entonces, se tomó su tiempo para domesticar al zorro, aunque luego tuvieron que separarse. Después de haberse despedido del zorro, el joven príncipe conoció a un guardagujas que le contó que las personas viajaban constantemente de un lugar a otro a bordo de trenes, ya que nunca estaban satisfechas en el lugar donde estaban y que, a diferencia de los niños, tampoco sabían lo que buscaban. Un vendedor le habló al príncipe sobre su producto: una píldora que eliminaba la sed y le ahorraba a la gente cincuenta y tres minutos a la semana. El príncipe pensó que, si tuviera ese tiempo libre, lo utilizaría para encontrar agua fresca.

Ya han pasado ocho días desde que el avión del narrador se averió y ya se ha agotado la provisión de agua, por lo que comienzan a tener sed. Caminan muchas horas y anochece. El principito se encuentra cansado, así que se sientan a descansar, conversando acerca de la hermosura del desierto; el principito dice que es hermoso porque esconde un pozo de agua en algún lugar. El narrador lo relaciona con una casa que esconde tesoros en alguna parte de ella y dice que sea lo que sea, lo bello no se ve con los ojos. Estas palabras le encantan al principito, ya que se asemejan a lo que le explicó el zorro. Como el principito se adormece, el narrador lo lleva en sus brazos y continúa caminando. Al amanecer se encuentra un pozo elaborado y raro, muy raro para encontrarse en el desierto. El narrador saca agua para el principito y éste la bebe como si fuera un regalo. El principito dice que las personas no saben lo que buscan, cuando en realidad lo que buscan está en una rosa o en un poco de agua, pero no se ve con los ojos sino que tiene que buscarse con el corazón. Luego le pide al narrador que le dibuje un bozal para su oveja y le cuenta que al día siguiente cumple un año desde que llegó a la Tierra. El narrador se da cuenta de que el principito está buscando el lugar donde había aterrizado para regresar a su casa. Al día siguiente, el narrador se encuentra al principito hablando con una serpiente sobre su regreso a casa. El príncipe le explica lo que sucede y se despide emotivamente del narrador, le dice que no tiene que verlo partir, ya que podría perturbarlo, pero el narrador se niega a alejarse del príncipe, que lo consuela diciéndole que sólo tiene que mirar a las estrellas y recordar su encantadora sonrisa; así parecerá que todas las estrellas se ríen. El príncipe se aleja del narrador, permite que la serpiente lo muerda y cae al suelo sin hacer ruido.
Al día siguiente, el narrador busca el cuerpo del principito, pero no lo encuentra. La historia termina con un dibujo del paisaje donde el príncipe y el narrador se encontraban el día en que la serpiente mordió al pequeño. Finalmente, el narrador pide que, si alguna persona visita ese lugar y se encuentran con un niño de cabello dorado que se niega a responder lo que le preguntan, lo escriban lo más pronto posible.










