Adoro las esculturas de las ciudades, sobre todo las de bronce, esas que aparecen sin más, cuando menos las esperas y que, en medio de la oscuridad, podrían pasar por sombras inquietantes y silenciosas que pueden llegar a darnos un buen susto.
Con todo lo que he viajado, me he encontrado con infinidad de esculturas, como las de Hemingway en Pamplona, las de Andersen y Alice in Wonderland en Central Park de Nueva York, la estatua de Ken Follett en Vitoria, y, como no podía ser de otra manera, las estatuas literarias de Salamanca: el Lazarillo de Tormes, Gonzalo Torrente Ballester en la Cafetería Novelty, Carmen Martín Gaite en la Plaza de los Bandos y la de Miguel de Unamuno frente a la casa donde vivió.
Muchas ciudades rinden homenajes a la literatura, monstrándonos a los autores que han recorrido sus calles o bien los propios personajes de novelas célebres internacionalmente. En nuestro país tenemos una gran cantidad de homenajes a autores y a sus personajes en innumerables plazas, y en el mundo entero en general se rinde memoria a importantes escritores o a célebres personajes de ficción.
Muchos personajes famosos llevan su fama a sus lugares de nacimiento, y no podemos excluir aquí a los escritores. Suele ser un motivo para que un ayuntamiento consagre este tipo de personajes a aquel autor que nació allí. Otra causa para que los autores sean homenajeados puede ser sus vivencias en una ciudad concreta, sin que sea la que les vio nacer. Muchas de estas estatuas se convierten en lugar de culto o peregrinaje, mientras que algunas se mimetizan en el entorno y llegan a pasar desapercibidas.
Algunos autores, como Cervantes o Shakespeare, tienen una estatua en cada rincón del mundo, mientras otros escritores, como Charles Dickens, nunca desearon que se les homenajeara de esta manera.
Este es un recorrido por España y por otros países en las que variadas estatuas ensalzan a los autores más célebres del mundo. Es una pequeña recopilación, ya que es imposible recoger todas las muestras mundiales de personajes literarios.
En Madrid nos encontramos con un verdadero abanico de esculturas dedicadas a la literatura, como no podía ser de otra manera en una ciudad que durante siglos ha visto nacer y vivir a tantos escritores, amén de aquel Siglo de Oro literario, cuyo centro neurálgico era nuestra capital.
El Monumento a Cervantes y El Quijote es un homenaje al autor más célebre y a su ingeniosa novela. Este monumento, situado en la Plaza de España, resulta el más cañí de todos los monumentos dedicados a nuestro autor más famoso.
Calderón de la Barca, uno de los más grandes autores del Siglo de Oro español, también tiene su estatua en el corazón de Madrid, donde sus obras cosecharon gran fama. Se encuentra en la plaza de Santa Ana, a pocos metros de la escultura de Lorca.
Hablar de Calderón es un guiño a este blog, en homenaje a La vida es sueño.
En la misma plaza de Santa Ana se erige la estatua al gran Federico García Lorca. La silueta delgada del granadino se sitúa como un punto aislado en la plaza, lanzando al vuelo una alondra.
Tanto Lorca como Calderón tienen frente a ellos la fachada del Teatro Español.
En el madrileño Paseo de Recoletos nos encontramos con la escultura del inclasificable Valle-Inclán. Creó un género en sí mismo, el único género propiamente español junto a la picaresca. Manda la tradición que cada 27 de marzo, Día Mundial del Teatro, se le vista con una bufanda blanca.
En la Ciudad Universitaria de Madrid se erige la estatua a Camilo José Cela. Muchos escritores tienen su escultura, pero no todas tienen la fortuna de gustar al espectador, como bien podría ocurrir con la de Cela.
Una de las estatuas más famosas, la que representa al más célebre autor de las letras hispanas, se encuentra en Alcalá de Henares, en la plaza que lleva su nombre. Miguel de Cervantes tiene innumerables estatuas en su honor, no sólo en España (Valladolid, Toledo, etc.), sino a lo largo y ancho del mundo.
Miguel de Cervantes es el hijo más ilustre de Alcalá de Henares, donde puede visitarse la casa en la que nació y vivió.
En Oviedo nos encontramos con Ana Ozores, la célebre protagonista de La Regenta, porque todo el mundo sabe que la Vetusta de la novela de Clarín no es otra ciudad que Oviedo.
En Gijón se erige la estatua de Jovellanos, que se encuentra en la céntrica plaza del 6 de Agosto, también conocida como Plaza de Jovellanos. La escultura representa al ilustre poeta y escritor gijonés del siglo XVIII.

En la población asturiana de Navia se levanta el monumento a
Ramón de Campoamor desde 1913. Se ubica en el centro del parque que lleva su nombre. El profesor se encuentra sentado en un banco y sujeta una pluma y un cuaderno en las manos. En los laterales del pedestal aparecen relieves alegóricos de sus principales obras, como son
Humoradas,
Doloras y
Pequeños poemas.
En Santiago de Compostela podemos encontrarnos con la estatua de Rosalía de Castro. En lo que se refiere a la igualdad de género, el estudio de las esculturas que homenajean a grandes figuras de la literatura deja al descubierto que apenas se tiene en cuenta a las mujeres escritoras. De las pocas féminas que han merecido este reconocimiento se encuentra Rosalía de Castro, cuya escultura se ubica en su ciudad natal.
En la ciudad gallega de Vigo es curioso descubrir la estatua en honor a uno de los grandes escritores de la lengua francesa, Julio Verne, y un referente mundial de la ciencia ficción. Basta recordar que en su periplo de 20.000 leguas de viaje submarino, el capitán Nemo llegaba en el Nautilus hasta la ría de Vigo, donde se escondía un importante tesoro.
El autor visitó Vigo, tras la publicación de la novela que habla de ella en 1787, a bordo del yate Saint Michel III.

En el paseo marítimo de Santander, sentado en un banco, nos encontramos con la estatua del santanderino más ilustre,
Gerardo Diego.
El escritor Leopoldo Panero se encuentra inmortalizado en la localidad leonesa de Astorga. La estatua representa una presencia-ausencia del escritor.
No puede sorprendernos que José Zorrilla se encuentre inmortalizado en Valladolid, la ciudad que le vio nacer. La estatua del autor de Don Juan Tenorio se inauguró en 1900 y es obra de Aurelio Rodríguez, amigo del dramaturgo. Se ubica en la plaza que lleva su nombre y el poeta ha sido representado con papel y pluma y, bajo sus pies, hay una musa que simboliza la poesía.
Tampoco es extraño encontrar en Ávila la estatua a Santa Teresa de Jesús, la religiosa fundadora de las carmelitas descalzas. Se ubica junto a la puerta del Alcázar y representa el momento del éxtasis de Santa Teresa.

Hay una estatua en Salamanca, frente a la célebre fachada de la Universidad, de la que apenas he hablado, que es la del ilustre
Fray Luis de León. Su figura se erige frente a la universidad en la que impartió clases y donde el aula donde enseñaba se conserva como entonces (aquí no se dan clases desde hace décadas).
En la Plaza del Cabildo del pueblo andaluz de Moguer se encuentra la estatua del escritor de la Generación del 27 Juan Ramón Jiménez, autor del célebre Platero y yo.
Una estatua de un escritor muy querido en nuestro país la podemos ver mediante imágenes, pero no donde se encontraba ubicada hasta abril de este año, de donde fue robada. La estatua del autor sevillano Gustavo Adolfo Bécquer se ubicaba junto a las ruinas del castillo aragonés de Trasmoz, en un paraje solitario, a cuya vera el poeta pasó muchas horas en sus asiduas visitas a Aragón.
Una de las estatuas europeas más célebres y que incluso es un símbolo de la ciudad, es La Sirenita de Copenhague, que homenajea a la protagonista del cuento de Hans Christian Andersen.
En la ciudad alemana de Bremen nos encontramos con Los Músicos de Bremen, homenaje a uno de los cuentos populares de los Hermanos Grimm, una leyenda bucólica en la que un burro, un perro, un gato y un gallo montan una orquesta en el pueblo alemán.
En el 125º cumpleaños del escritor Herman Hesse, se erigió en la ciudad alemana de Calw la estatua a tamaño real del autor titulada Entre quedarse y seguir. La figura lo muestra a los 55 años durante su última visita a la población en el año 1930.
En Leipzig se levanta una de las innumerables estatuas del más famoso de los escritores alemanes, Goethe.
En la cosmopolita Londres nos encontramos con la primera estatua que se erigió a Sherlock Holmes, el efectivo detective creado por Arthur Conan Doyle, muy cerca de donde en teoría se encontraba el legendario piso 221B de Baker Street.
Como no podía ser de otra manera, Londres había de contar con una estatua al genio de las letras inglesas, William Shakespeare, cuya efigie se encuentra en la conocida Poet’s Corner de la abadía de Westminster. Allí hay más esculturas de otros grandes autores ingleses que están enterrados en la abadía, pero no es el caso de Shakespeare, cuyo cuerpo descansa en su pueblo natal.
Situada a unos kilómetros al sur de Birmingham, en la localidad de Stratford-Upon-Avon, se levanta la escultura de Hamlet, en recuerdo del príncipe danés inmortalizada en sus dudas por Shakespeare. En esta localidad nació, murió y fue enterrado el más célebre autor de las letras inglesas, y además es la sede de la Royal Shakespeare Company.
En la ciudad inglesa de Porsthmouth podemos contemplar la magnífica estatua de Charles Dickens. Esto demuestra que, a veces, la voluntad del pueblo puede ir en contra de la voluntad de su autor más conocido. Dickens les dejó bien claro a sus paisanos que no quería homenajes ni estatuas. Su voluntad fue respetada hasta que en febrero de 2014 se inauguró la escultura al creador de novelas como Oliver Twist, Grandes Esperanzas o Historia de dos ciudades.
Las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Ann, se encuentran inmortalizadas en una estatua que se ubica frente a la que fue su casa natal, ahora convertida en museo, en Haworth, en el condado de Yorkshire.
Dublín tampoco ha querido olvidar James Joyce, el escritor que a través de su obra cumbre, Ulises, inmortaliza un día más o menos cotidiano en la vida de esta ciudad, a la que hay que sumar Dublineses.

En la capital irlandesa hay otra célebre estatua, que no es otra que la colorista figura de
Oscar Wilde en el Parque Merrion. La estatua muestra al escritor en pose informal, tumbado sobre una roca y dirigiendo la mirada a la casa donde nació. La escultura es ofensivamente conocida como “
the fag of the crag” o “
the queer of the leer”, aludiendo a la homosexualidad de Wilde.
En la italiana Porto Empedocle, situada en la isla de Sicilia, se erige la estatua al Comisario Montalbano, creado por Andrea Camilieri, oriundo de este pueblo siciliano. La estatua del comisario tiene una pose interesante, con su gesto campechano y un bigote que oculta una sonrisa mientras saluda a los viandantes.
Entre los genios italianos cuyas esculturas adornan algunos de los paisajes de la Galería de los Uffizi, en Florencia, hay importantes escritores. Sin duda alguna, el más reconocido es el florentino Petrarca, autor de la Divina Comedia.
En el barrio parisino de Montmartre es posible encontrar la escultura del “pasa murallas”, obra de Jean Marais, inspirada en el cuento del mismo nombre, El pasa murallas, escrito por Marcel Aymé, en el que un gris oficinista un día descubre que tiene el don de atravesar las paredes.
También en París se encuentra la estatua en conmemoración a Jean Paul Sartre, el gran pensador, filósofo, escritor y libertino. Al igual que el Sartre de carne y hueso, la estatua también tiene un aspecto peculiar.
El Principito y su creador, Antoine de Saint-Exupéry, se encuentran inmortalizados en Lyon, donde siguen conquistando a generaciones de niños y adultos, aunque para contemplarlos hay que mirar hacia arriba.
En Lisboa nos encontramos con la escultura del poeta luso Fernando Pessoa que, acompañado por todas y cada una de las identidades bajo las que enmascaraba sus escritos, paseaba su saudade por los cafés y terrazas de la capital portuguesa. La escultura que lo recuerda se ubica junto al café A Brasileira, uno de los más frecuentados por Pessoa y otros escritores.
En Praga, Franz Kafka es un símbolo, de hecho es uno de los principales reclamos turístico-literarios de la ciudad. La estatua que recuerda al autor de La metamorfosis o El proceso no sería inaugurada hasta 2003. Se trata de una figura que representa a Kafka a hombros de un gigante sin cabeza. Sin duda alguna, una estatua muy kafkiana.
En el Trinity Park de Forth Worth, en Texas, se encuentra una de las célebres esculturas en recuerdo de Mark Twain, uno de los escritores estadounidenses por excelencia. El creador de Huckleberry Finn y Tom Sawyer se encuentra sentado en su banco, lee e invita a leer a los que pasean junto a él.

En la ciudad de Saint Paul, Minnesota, también se encuentra la estatua de uno de los estadounidenses más famosos e hijo ilustre del lugar:
F. Scott Fitzgerald, autor de
El gran Gatsby.
En Buenos Aires nos encontramos a Mafalda sentada en un banco. La niña pizpireta y resabiada, de una madurez apabullante e infrecuente, creada por Quino, tiene su estatua en el barrio de San Telmo, donde uno puede sentarse con ella.
También en Buenos Aires, se ubica el que está considerado por muchos como el escritor argentino más grande de todos los tiempos: Jorge Luis Borges. La estatua se inauguró en 2013 frente a la Biblioteca Nacional.
En la ciudad de La Habana, también podemos encontrarnos con una estatua de Ernest Hemingway, en la barra del Floridita, un bar que frecuentó con asiduidad cuando visitó Cuba. Sus frecuentes visitas al bar le dieron fama mundial.
En la céntrica Plaza de los Poetas del Cerro Villavista de la ciudad chilena de Valparaíso se ubica la estatua de la autora chilena Gabriela Mistral con un libro en las manos, clara invitación a los paseantes para sentarse a leer con ella en el banco.
Uno de los grandes escritores rusos fue Anton Chéjov, que se encuentra homenajeado en la ciudad de Tomsk, en la región de Siberia. Allí se puede contemplar la grotesca figura del autor ruso, cuyas anotaciones en su diario hacían referencia a los habitantes de esta ciudad como “borrachos” e idiotas. En la base de la estatua se puede leer: “Chéjov en Tomsk, visto por los ojos de un borracho tirado en la cuneta, y que nunca leyó Kashtanka”.
Voy a terminar con la llamada estatua al “autor desconocido” o “escritor fantasma”, ubicada en Budapest. La estatua representa al autor húngaro Anonymus, uno de los primeros cronistas de la historia de Hungría, hacia el siglo XII. Esta estatua de bronce fue esculpida por Miklós Ligeti en 1903 y está situada frente al Castillo de Vajdahunyad. La escultura representa al escritor con ropas monacales, con la cara casi tapada por la capucha de su túnica, aludiendo al concepto del anonimato. Aparece en estado relajado, como si se hubiera dejado caer sobre el asiento y con una pluma en la mano.
En la base de la estatua hay una inscripción donde se puede leer: “Anonymus = Gloriosissimi Belae Regis Notarius” (Anonymus= el notario más glorioso del rey Béla). Cuenta una leyenda húngara que si uno toca la pluma que porta en su mano derecha tendrá suerte en sus estudios y en sus creaciones literarias. Debido al desgaste, la pluma luce un color más brillante.