Me encantan las rutas imprevistas que surgen inesperadamente. Aquí andamos en Tierras del Cid.
Es una lástima que el cartel lo hayan destrozado de esa manera.
miércoles, enero 03, 2018
martes, enero 02, 2018
Y no abandonar...
Hubo una época en la universidad en la que nos dio a todas por hacer punto. Tejí una bufanda larga larguísima que nunca he estrenado porque no llegué a terminarla. De hecho, sólo sé hacer el punto básico que hoy, varios años después, haría sin pensarlo. No llegué a terminarla porque me quedó pendiente decirle a mi madre cómo se hacía la última línea. Lo que es cierto es que tejer me resulta una actividad relajante, el simple hecho de estar con las agujas y la lana me resulta algo muy calmado.
Siempre he pensado que cuando empezamos algo hay que llegar al final y terminarlo. Aunque ahora que lo pienso hay cosas que yo he dejado a medio terminar. Pero lo normal es que termine lo que empiezo.
Por eso es casi imposible que deje un libro a medias. Es posible que en las dos últimas décadas sólo haya abandonado un único libro y es que me resultaba imposible seguir. Es muy raro que haga eso. Porque si abandono será definitivo y ese libro, No me cuentes tu vida, no lo volveré a retomar jamás. No es como cuando dejo a medias libros porque sé que no es el momento pero soy consciente de que volveré a cogerlos a posteriori.
Sería buena idea recuperar las agujas y tejer de vez en cuando, o al menos terminar esa larguísima bufanda, porque me salió larga.
Cambio monedas de euro por libros
De los cinco libros que originalmente había pedido por el Tarro-Libros 2017 hay uno que se encuentra descatalogado: Las orquídeas rojas de Shanghai.
Hace unos meses leí a Pierre Lemaitre y me gustó mucho, así que cuando he visto que esas cuatro novelas de la misma saga que andan por los blogs se encontraban en un único volumen no lo he pensado dos veces. Me quedaba un libro de bolsillo y me ha costado elegir entre Víctor del Árbol y Jordi Sierra i Fabra.
He tenido que poner cinco euros.
Con esto no quiero pisar una librería ni física ni virtual en varios meses.
Hace unos meses leí a Pierre Lemaitre y me gustó mucho, así que cuando he visto que esas cuatro novelas de la misma saga que andan por los blogs se encontraban en un único volumen no lo he pensado dos veces. Me quedaba un libro de bolsillo y me ha costado elegir entre Víctor del Árbol y Jordi Sierra i Fabra.
He tenido que poner cinco euros.
Con esto no quiero pisar una librería ni física ni virtual en varios meses.
Como si fuera lunes

Me da la sensación de que hoy es lunes, pero no. En un rato marcharé a la librería, que tengo ganas. Necesito despejarme. No en vano sigo con la preocupación por mi padre, que hoy a las tres de la tarde ha entrado en el escáner.
Por otro lado, acabo de echarme la manta a la cabeza y mañana ya he quedado para ir a comer fuera. Y eso conlleva una visita turística, ruta gastronómica y vuelta a casa antes de la medianoche. Casi como en verano, sólo que ahora anochece antes. No sabemos si ir a Lerma, a Laguardia, a los Cameros, a los pueblos de la Baja Navarra o qué. Al final, he tenido que decidir yo y, aunque esté a una hora y media, me he decantado por Lerma, claro que igual nos quedamos a mitad de camino y merendamos en La Pedraja o vamos a ver el Papamoscas de la Catedral de Burgos.
Lerma... he pasado innumerables veces por allí, pero nunca he entrado.
Lo que ocurre en estos casos es que podríamos cambiar de destino en menos de un minuto... Pues mañana nos toca ruta por la zona de Burgos, todo esto a partir del mediodía.
lunes, enero 01, 2018
Pájaros

Cuando era pequeña me regalaron un caballete con acuarelas. Tenía un set completo para haberme convertido en pintora. Pero desconocía cómo se pintaba con acuarelas. Yo lo intentaba pero no me salía. Echaba mucha pintura y poca agua. Mi primera pintura fue un pájaro y recuerdo aquel pájaro con mucho cariño porque lo creé de la nada.
Cada mañana me acuerdo de aquel lienzo, cuando aún era una página en blanco, una página que se va llenando con el paso de las horas. De nosotros depende hacer un pájaro con vivos colores o un pájaro oscuro. Intento que todo sea colorido, incluso hay gente que me impulsa a hacer trazos de vivos colores, y entonces pienso que ese día ha tenido sentido. Aunque para mí el simple hecho del presente y de ser consciente del paso del tiempo ya tiene sentido.
Que cada día del próximo año pintemos muchos pájaros de vivos colores. Eso es importante.
Hoy en día tengo el caballete arrinconado, las acuarelas se secaron y la paleta de colores está limpia. Hay otras maneras de aprender a pintar acuarelas y colorear cada día es una manera, un tanto abstracta, de hacerlo.
De regalos
Me he tirado un rato en Amazon buscando regalos para mis sobrinas. Parece ser que me llegarán entre el 5 y 12 de enero. Tengo vía libre hasta el fin de semana después de Reyes, que espero que sea cuando vengan a recogerlos.
También he estado buscando regalo para mi padre, que su cumpleaños es el 6 de enero, pero ahí no me he arriesgado y se lo compraré esta semana, por si acaso no llegara a tiempo.
Qué ganas tengo de que termine toda la parafernalia navideña...
El recuento
Como ya estamos a día 1 y no tengo nada mejor que hacer esta tarde, he abierto el Tarro-Libros 2017 y he hecho recuento.
En total tengo 113 euros, leí un total de 85 libros, de los que 28 llevan 2 euros, bien sea por criterios de calidad o bien por número de páginas (si sobrepasan las 500 podíamos meter 2 euros).
Lo que estoy pensando es que encargué cinco libros y me va a dar para comprar uno más, que directamente elegiré en la librería esta semana.
También me he apuntado al Tarro-Libros 2018, y no voy a decir que sean más euros. En realidad prefiero lecturas de calidad, así que espero leer muchos libros cuya trama me haga disfrutar.
En casa, por fin
Vuelve a silbar el aire en el exterior. Acabo de llegar a mi casa y ya puedo dedicarme a leer. Ya solo quedan los Reyes, aunque mi árbol de navidad quedará expuesto hasta que mis pequeñas recojan sus regalos.
Tengo expresamente prohibido llevárselos. Así que tendrán que venir.
Sólo me apetece repatingarme en el sofá y leer...
Tengo expresamente prohibido llevárselos. Así que tendrán que venir.
Sólo me apetece repatingarme en el sofá y leer...
El horizonte
Cuando nos adentramos en SD aparece la ciudad desde lo alto. Es una imagen que me encanta.
Se ven bastantes kilómetros a la redonda.
Se ven bastantes kilómetros a la redonda.
Tantos kilómetros
A pesar de que ayer vine a mi casa hoy estábamos comiendo de nuevo en familia.
Estos días ando con una preocupación intensa por mi padre, que tiene un dolor de huesos que no se le quita. Mañana le harán un escáner. Yo creo que será algo de la columna; espero que no sea nada grave.
Y aquí andamos haciendo kilómetros.
Estos días ando con una preocupación intensa por mi padre, que tiene un dolor de huesos que no se le quita. Mañana le harán un escáner. Yo creo que será algo de la columna; espero que no sea nada grave.
Y aquí andamos haciendo kilómetros.
Un año más
Pasada la euforia de la medianoche puedo decir que hoy he hecho planes para quedarme en Logroño y al final he venido a mi casa.
O más bien ha sido mi hermano pequeño el que ha hecho los planes por mí y al final se ha salido con la suya y hemos vuelto a mi casa.
Lleva diciéndome toda la semana que dormiría en mi casa y sí, hoy dormirá en mi casa. Voy a echar de menos los desayunos en Logroño, aunque es cuestión de unos pocos días, porque el sábado tengo que estar de nuevo allí, no porque vengan los Reyes, sino porque es el cumpleaños de mi madre, y me gustaría estar la víspera.
Por lo demás, esta tarde y noche ha habido una amalgama de felicitaciones por todos los sitios, llamadas inesperadas y la euforia colectiva que trae el nuevo año.
En Logroño en cada rincón había gente tirando cohetes y petardos.
Por una parte me hubiera gustado quedarme. Pero por otra... extraño mi cama.
O más bien ha sido mi hermano pequeño el que ha hecho los planes por mí y al final se ha salido con la suya y hemos vuelto a mi casa.
Lleva diciéndome toda la semana que dormiría en mi casa y sí, hoy dormirá en mi casa. Voy a echar de menos los desayunos en Logroño, aunque es cuestión de unos pocos días, porque el sábado tengo que estar de nuevo allí, no porque vengan los Reyes, sino porque es el cumpleaños de mi madre, y me gustaría estar la víspera.
Por lo demás, esta tarde y noche ha habido una amalgama de felicitaciones por todos los sitios, llamadas inesperadas y la euforia colectiva que trae el nuevo año.
En Logroño en cada rincón había gente tirando cohetes y petardos.
Por una parte me hubiera gustado quedarme. Pero por otra... extraño mi cama.
domingo, diciembre 31, 2017
Tomando café
Ya quedan horas para las campanadas. Ya estoy con la familia y, para no perder la tradición, me encuentro en la cafetería más cercana.
Que podría tomar el café en casa, pero que me gusta más el de la máquina del bar.
Que podría tomar el café en casa, pero que me gusta más el de la máquina del bar.
Konets
Bienvenidos al metaverso, un escenario distópico enmarcado en un mundo futurista. Pensaba que esta novela estaría más cerca de las dos trilogías del autor, y si bien es cierto que toma personajes de las mismas, lo veo más cerca de la novela, también distópica, Khimera, también del autor, historia con la que en un principio me costó mucho conectar. Digamos que esta última novela viene a unificar el resto de libros del autor y, de esta forma, todas tienen un hilo de conexión común. Lo que resulta verdaderamente sorprendente.
Nos encontramos en dos épocas diferentes, los años 2029-2030 y el año 2054, separados por un prólogo donde Olek Opiozcenek, un analista de sistemas que trabaja para Khimera Projeckta, hace saltar por los aires la estación de Lukomorie, no sin antes meterse en una cápsula que le salvará de la muerte. Éste es el punto de inflexión, y a partir de aquí nos encontramos con los años anteriores y con lo que ocurre después.
Así, nos encontramos en el metaverso, un mundo virtual poblado de gente. Olek vive con su abuelo, se dedica a meterse en sistemas operativos ajenos y a ratear. Su abuelo le recrimina y un buen día le explica que es hijo de un psicópata asesino que ya falleció. Olek tiene como nick el de EarthWorm y cuando Kraken es asesinado en su nombre, el joven es acechado por espías polacos, rusos, árabes y judíos. Será Marlena, una agente doble al servicio de los polacos y los israelitas, quien le saque de su casa, y Olek, que aún no ha cumplido los 18 años, se enamora perdidamente de ella. A partir de allí, Olek es raptado por Tolya y le sacan de Varsovia para entrevistarse con Rusalka, su hada madrina. Rusalka no es otra que Erika Lopategui, impulsora de Khimera Projeckta, que se hace responsable de guiar desde siempre a Olek, hijo de Augusto Ledesma. Para ello, contará con la ayuda de Ramiro Sancho, que está a punto de cumplir los 60 años. Rusalka conseguirá juntar a Marlena y Olek en un proyecto común, pero cuando Olek sea raptado por los árabes, Marlena perderá la vida, y Olek, salvado por el arcángel Gabriel -que le debe la vida a Sancho- se encargará de pegar unos tiros a Ramiro, que se protege con un chaleco de grafeno, lo que le salva la vida. Pero Olek desconocerá todo esto.
Nos encontramos después de la destrucción de la estación de Lukomorie. Rusalka tiene el presentimiento de que Olek sigue vivo, por lo que envía a dos agentes asiáticos, hermanos, en su busca. Efectivamente Olek se encuentra en el subsuelo viviendo con los duendes, una especie de seres malformados por el gas Margaritcka. La abeja reina se llama Fátima y ha decidido mantenerle con vida para que muestre sus enseñanzas a su hija. Los duendes son antropófagos, pero Fátima consigue conectar con Olek a través de la poesía, así que cuando los dos agentes asiáticos se acercan a la guarida de los duendes, Fátima lo pone en libertad.
Sin embargo, Olek regresa a la estación para hacer frente a las amenazas del mundo. Y descubrimos que en realidad Olek es hijo de su padre, que pretende cambiar el universo real por el virtual, sin importarle a quiénes se tenga que llevar por delante...
Sorprendente, adictiva, impresionante... No es la típica novela cuya trama me interese, pero lo cierto es que, como ya ocurriera con Khimera, el autor ha conseguido introducirnos magistralmente en la historia.
Y bien, es el último libro del año. Y también con el que ponemos fin (Konets en ruso significa "fin") a esta historia.
Nos encontramos en dos épocas diferentes, los años 2029-2030 y el año 2054, separados por un prólogo donde Olek Opiozcenek, un analista de sistemas que trabaja para Khimera Projeckta, hace saltar por los aires la estación de Lukomorie, no sin antes meterse en una cápsula que le salvará de la muerte. Éste es el punto de inflexión, y a partir de aquí nos encontramos con los años anteriores y con lo que ocurre después.
Así, nos encontramos en el metaverso, un mundo virtual poblado de gente. Olek vive con su abuelo, se dedica a meterse en sistemas operativos ajenos y a ratear. Su abuelo le recrimina y un buen día le explica que es hijo de un psicópata asesino que ya falleció. Olek tiene como nick el de EarthWorm y cuando Kraken es asesinado en su nombre, el joven es acechado por espías polacos, rusos, árabes y judíos. Será Marlena, una agente doble al servicio de los polacos y los israelitas, quien le saque de su casa, y Olek, que aún no ha cumplido los 18 años, se enamora perdidamente de ella. A partir de allí, Olek es raptado por Tolya y le sacan de Varsovia para entrevistarse con Rusalka, su hada madrina. Rusalka no es otra que Erika Lopategui, impulsora de Khimera Projeckta, que se hace responsable de guiar desde siempre a Olek, hijo de Augusto Ledesma. Para ello, contará con la ayuda de Ramiro Sancho, que está a punto de cumplir los 60 años. Rusalka conseguirá juntar a Marlena y Olek en un proyecto común, pero cuando Olek sea raptado por los árabes, Marlena perderá la vida, y Olek, salvado por el arcángel Gabriel -que le debe la vida a Sancho- se encargará de pegar unos tiros a Ramiro, que se protege con un chaleco de grafeno, lo que le salva la vida. Pero Olek desconocerá todo esto.
Nos encontramos después de la destrucción de la estación de Lukomorie. Rusalka tiene el presentimiento de que Olek sigue vivo, por lo que envía a dos agentes asiáticos, hermanos, en su busca. Efectivamente Olek se encuentra en el subsuelo viviendo con los duendes, una especie de seres malformados por el gas Margaritcka. La abeja reina se llama Fátima y ha decidido mantenerle con vida para que muestre sus enseñanzas a su hija. Los duendes son antropófagos, pero Fátima consigue conectar con Olek a través de la poesía, así que cuando los dos agentes asiáticos se acercan a la guarida de los duendes, Fátima lo pone en libertad.
Sin embargo, Olek regresa a la estación para hacer frente a las amenazas del mundo. Y descubrimos que en realidad Olek es hijo de su padre, que pretende cambiar el universo real por el virtual, sin importarle a quiénes se tenga que llevar por delante...
Sorprendente, adictiva, impresionante... No es la típica novela cuya trama me interese, pero lo cierto es que, como ya ocurriera con Khimera, el autor ha conseguido introducirnos magistralmente en la historia.
Y bien, es el último libro del año. Y también con el que ponemos fin (Konets en ruso significa "fin") a esta historia.
EL AUTOR:
César Pérez Gellida nació en Valladolid en 1974. Es Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valladolid y máster en Dirección Comercial y Marketing por la Cámara de Comercio de Valladolid. Desarrolló su carrera profesional en empresas vinculadas con el mundo de las telecomunicaciones y la industria audiovisual hasta que, en 2011, decidió dedicarse en exclusiva a su carrera de escritor. César irrumpió con fuerza en el mundo editorial con Memento mori, que cosechó grandes éxitos tanto de ventas como de crítica y obtuvo el premio Racimo de literatura 2012. Constituía la primera parte de la trilogía Versos, canciones y trocitos de carne, que continuó con Dies irae y se cerró con Consummatum est y por la cual le fue otorgada la Medalla de Honor de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses 2014 y el Premio Piñón de Oro como vallisoletano ilustre. En 2015 publicó Khimera, su cuarta novela, y en 2016 inició su segunda trilogía, Refranes, canciones y rastros de sangre, que se compone de Sarna con gusto, Cuchillo de palo y A grandes males. Konets conforma, junto con las otras siete, un poliedro narrativo que culmina en estas páginas.
Actualmente sigue escribiendo y colabora como columnista en El Norte de Castilla.
EL LIBRO:
Título original: Konets
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de Letras (1ª edición, noviembre de 2017)
Número de páginas: 590
ISBN: 9788491291848
Valoración: 7/10
Lo incluyo en el Reto 100 libros para 2017.
Que el 18 ya está ahí
A medianoche han tirado cohetes, como para recordarnos que hay que empezar a despedir este año al que le quedan unas horas para acabar.
Y que lo que está por venir sea siempre mejor.
Siempre me ha costado escribir el número 8. Si lo tumbo en horizontal como si fuera un infinito no me cuesta, pero en vertical lo suelo escribir mal. Hubo una época en que decidí hacer dos círculos unidos porque me resultaba más sencillo.
Claro que en la época de los ordenadores no escribo tanto a mano.
Y que lo que está por venir sea siempre mejor.
Siempre me ha costado escribir el número 8. Si lo tumbo en horizontal como si fuera un infinito no me cuesta, pero en vertical lo suelo escribir mal. Hubo una época en que decidí hacer dos círculos unidos porque me resultaba más sencillo.
Claro que en la época de los ordenadores no escribo tanto a mano.
sábado, diciembre 30, 2017
Sábado relajante
Debería estar en Logroño pero he preferido quedarme en mi casa. Mañana a estas horas estaremos tomando el vermout previo a la cena, que será una cena menos.
Hoy he dedicado la tarde a leer y hacer tareas domésticas. Ha sido de total relax, lo que no está mal de vez en cuando.
A ver si esta noche duermo de un tirón. Anoche me desperté a las cuatro y me puse a leer durante una hora. Últimamente no sé por qué motivo me termino desvelando tantas noches...
Cielo azul
Adoro los días despejados, con el cielo azul, sin nubes y con un sol radiante.
Hoy me sobra el abrigo.
Hoy me sobra el abrigo.
Sombras
Estoy en un momento de reflexión, pensando a ver si me quedo hoy en mi casa o no. Es que no me apetece nada preparar maleta para hoy.
Hace un día estupendo. No parece que sea diciembre.
Hace un día estupendo. No parece que sea diciembre.
viernes, diciembre 29, 2017
Nada como el -té
Estaba terminando de comer y me ha llamado la atención ese cartel sobre el té. No es que tenga baja la autoestima pero me ha gustado y me lo "he llevado".
Etchegoyen
Hoy he entrado en una cafetería que durante muchos años he conocido cerrada. Es el Etchegoyen. Hace unos meses que lo reabrieron y me ha picado la curiosidad.
No está mal.
No está mal.
Correos
Me han tenido en Correos una hora y eso que me estaban atendiendo en todas las ventanillas. Entre que los ordenadores les van mal y que los que atienden son algo lentos...
Como no me apetecía ir hasta casa me he quedado a comer en el camino.
Como no me apetecía ir hasta casa me he quedado a comer en el camino.
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