
Ya la había visto aunque me apetecía volver a verla, y no es que tenga mucho que decir. Me he acordado por qué me decepcionó la primera vez. Y es que esperas ver una película en plan thriller psicológico y te encuentras algo en la línea de la ciencia ficción.
Un grupo de amigos un día ayudan a un niño indefenso que está bajo las garras de los cabecillas del colegio. Y este día Duddits se convierte en uno más del grupo, transmitiéndoles algo especial, una especie de don para leer las mentes de la gente, algo que tiene sus ventajas, pero también sus desventajas. En la actualidad, aquellos niños se han convertido en inseparables, y siempre que pueden se reúnen juntos. Así, el psiquiatra que está a punto de quitarse la vida, el profesor que perdona a sus alumnos el haber copiado en un examen, el vendedor de coches que utiliza su don en fracasados intentos por echar un polvo y un crápula borracho aficionado a los palillos se reúnen en una cabaña en medio del bosque para pasar unos días de vacaciones. Pero no saben lo que les espera. En medio de una tormenta de nieve la zona ha sido puesta en cuarentena pues ha sido invadida por extraterrestres. Así se tendrán que enfrentar no sólo a los gusanos que aparecen por todos los sitios del bosque sino también al general a punto de retirarse, Curtis, que después de una veintena de años investigando alienígenas ha enloquecido y quiere matar a la población infectada, sin caer en la cuenta de que algunos se pueden curar. Pero el doctor Henry, usando su poder de leer la mente, urdirá un plan para buscar al único amigo que le queda vivo, que ha sido poseído por el hombre gris. Y la única manera de vencer es junto a Duddits, enfermo de cáncer linfático.