domingo, febrero 13, 2011

La nostalgia de los domingos

El domingo es el día de la semana que menos me gusta, sobre todo en invierno.
Después de la lluvia, me he asomado a la ventana, porque adoro los aromas que quedan después. Y me he fijado en lo solitaria que se encuentra la calle, con todas las casas cerradas, con todas las persianas echadas, sin vehículos aparcados en las puertas, sin las voces infantiles entre las sombras que proyectan las farolas. En unas horas, se ha convertido en un pueblo fantasma.
En días así, casi nostálgicos, me gustaría refugiarme en sus brazos, taparnos con una manta y ver una película o jugar a algo.

Igual es que es día trece.

sábado, febrero 12, 2011

Las picardías del perro

Tengo al perro enamorado. No piensa más que salir a la calle y, si nos descuidamos, echa a correr y va a buscar a la perrita que le está trayendo de cabeza últimamente.
Por fortuna, si desaparece, ya sabemos dónde encontrarle.
Hoy no ha comido y ayer se pasó varias horas enfurruñado.
Esta tarde le he llevado al campo y no he llegado al árbol donde me apetecía sentarme con un libro. El perrito ha olfateado mirando hacia las lejanas casas del pueblo y ha echado a correr hasta el coche. Así que me he tenido que marchar.

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Jerusalén


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Cuando tenemos en las manos una novela histórica es muy importante que el narrador no sólo sea buen escritor, sino que además sea un magnífico historiador y, para esto, no es suficiente conocer la historia sino fundamentarla con abundante documentación.
Las novelas históricas, junto a los thriller psicológicos, son mis favoritas. Quizás es porque siempre he sido una afortunada al escogerlas, quizás porque siempre he encontrado a unos buenos narradores-historiadores que han sabido engancharme casi desde las primeras páginas.

En una novela histórica es muy importante que exista un buen trasfondo histórico, con unas descripciones exquisitas del ambiente y de los edificios, de la época histórica, y por supuesto es necesario que aparezcan personajes históricos reales. Del lector dependerá descubrir después, a través de la documentación si la historia le ha gustado, qué es lo verdadero y qué es lo ficticio.
A través de una novela histórica es relativamente sencillo profundizar en diversos aspectos históricos que con anterioridad conocíamos de manera ficticia. Reconozco que yo soy una de esas personas que investigan qué es lo real y qué es lo ficticio en una novela histórica.

Al coger una novela titulada Jerusalén, el lector es consciente de que no va a ser una novela fácil de leer, porque es obvio que va a entrar en la historia un asunto tan complejo como es la religión.
En esta novela hay dos momentos históricos diferenciados: año 70 después de Cristo, año de la destrucción del Templo de Jerusalén; y el año 1099, año de la primera cruzada que conquistó a los musulmanes la Ciudad Santa, después de haberla sitiado durante más un mes. Evidentemente, para la Historia de las Religiones son dos momentos históricos clave y, por ende, suscitan muchas preguntas sin respuesta.

En la novela, también aparecen personajes que existieron realmente. Menos fiables son los datos que se refieren a Santiago, supuesto hermano de Jesús, del siglo I después de Cristo. Pero los protagonistas, como en la mayoría de las novelas históricas de nuestro tiempo, son personajes ficticios, que envueltos en una época histórica relevante se entremezclan con los hombres que en verdad existieron. Y son estos personajes ficticios los que atraen nuestra atención, puesto que a nuestros ojos se terminan convirtiendo en unos héroes. Lo que me gusta de estos personajes es que no son del mismo bando, sino que hay cristianos, judíos y musulmanes, así como seres considerados marginales (una prostituta o un religioso dedicado a hacer el bien, en contradicción con los buitres de su condición –religiosa- que se codean con la aristocracia); seres marginales pero íntegros, con un alma buena y pura.


Durante el siglo XI de nuestra era se produjo una enorme movilización de personas en dirección a Tierra Santa. Es el comienzo de las cruzadas. Con el ejército (mal denominado) ‘de Dios’, no sólo van soldados, caballeros y señores, sino que una recua ingente de gente de todo tipo les acompaña (esposas e hijos, sacerdotes, prostitutas, etc.). Ese vasto movimiento de tropas y todo tipo de gente camina lentamente y se tiene que detener a luchar contra los musulmanes en otras ciudades antes de llegar a Jerusalén.
En el año 1099 Jerusalén está bajo el poder del gobernador Iftikhar Al-Dawla y la Ciudad Santa está llena de mezquitas, pero también de sinagogas, porque los musulmanes conviven pacíficamente con los judíos. Cuando los cruzados al mando de aristócratas normandos, loreneses y francos llegan a las murallas de Jerusalén e intentan entrar en la ciudad, consiguen atravesar una primera muralla, pero muy pronto se tienen que batir en retirada, comenzando así un largo asedio, donde los cruzados subsisten en unas condiciones pésimas, ya que carecen de agua.

Ricardo es un guerrero normando que, tras salvarle la vida al conde Raimundo de Toulousse (uno de los comandantes más importantes), se convierte en guardaespaldas del conde. Unos años antes, cuando aún no habían partido a Tierra Santa y con la purga de los judíos en Maguncia, había salvado a dos hermanas hebreas de caer en las garras de los soldados cristianos, Sara y Rebeca. Es un hombre honesto, aunque no cree en las palabras de los religiosos.
Emanuel es un guerrero griego, repudiado por el resto de las facciones del ejército. Pierde a sus compañeros en la primera batalla contra Jerusalén. Cree que tiene que purgar sus pecados por una batalla anterior, pero nunca es suficiente. Se convertirá en un amigo fiel de Ricardo. En batallas anteriores conoció a un turco y crearon un vínculo de amistad que les volverá a unir en el futuro.
Inés es una prostituta francesa, bellísima y sinuosa, que se prenda de Ricardo. Acompaña al ejército hasta las puertas de Jerusalén. Por más que lo intenta, no consigue llevar a su tienda a Ricardo. Es lista y aprenderá a luchar como un soldado.
Anselmo es un orondo religioso que intenta sacar a Inés de ese mundo de lujuria y depravación, sin éxito. Es un verdadero religioso que cree realmente en la empresa de Dios. Pero, a la hora de la verdad, cuando tiene que elegir entre Dios e Inés, da la vida por salvarla a ella.
Rebeca y Sara son dos hermanas judías que habían huido a Jerusalén desde Maguncia, donde habían visto morir a su padre a manos de los cristianos. Rebeca porta unos pergaminos que habían pertenecido a su padre, que contienen los escritos de Santiago, el supuesto hermano de Jesús, y opositor de las enseñanzas de Saulo de Tarso (San Pablo), que demuestran que no fueron los judíos los que mataron a Jesucristo. Rebeca, que posee una gran inteligencia y mejor oratoria, sabe lo importante que son esos textos para la Humanidad. Sara, en cambio, es una víctima de las circunstancias, bellísima pero estúpida, dependiente de su hermana en todas las circunstancias. Un caballero normando y un emir musulmán perderán la cabeza por ella.
Jamal es un emir musulmán que vive en Jerusalén. Cuando ve a Sara se enamora de ella y, pese a la indiferencia de la joven y bella hebrea, él dará su vida por salvarla.
Firuz es un turco que se convierte en lugarteniente de Jamal, tras haberle salvado la vida. Pese a que debería haber sido enemigo de Emanuel, creará tal vínculo con él que, cuando se cruzan, se perdonan siempre la vida, aunque saben que están en bandos diferentes y que llegará el día en que uno tendrá que matar al otro.
Rebeca le confiesa a Jamal la existencia de los manuscritos y deciden salir de la ciudad para esconderlos en las cuevas que rodean Jerusalén, en el valle de Cedrón. Cuando salen, son capturados por los cristianos, entre los que se encuentra Ricardo, que reconoce a Rebeca y la protegerá mientras ésta es prisionera.
Firuz, en cambio, consigue escapar, pero volverá al campamento cristiano para salvar a Jamal y Rebeca. Ella prefiere quedarse, porque no puede huir sin los pergaminos.
Unos y otros lucharán por esos pergaminos, mientras los señores los buscan con ansia, porque saben que podrían destruir los fundamentos de la Iglesia cristiana.


Perdonadme todos. Toda esta historia ha sido una locura. Anselmo ha muerto porque se ha dado cuenta de que sólo con la muerte podía resolver su conflicto interior. Pero la causa primera de este conflicto ha sido mi egoísmo. He servido a una causa improbable, nebulosa, abstracta, con la soberbia de una mujer insatisfecha que se creía una agua estudiosa. Y lo he hecho en detrimento de seres humanos, personas de las que he aprendido a apreciar el coraje, y una lealtad que no era ni siquiera lícito pretender de un grupo de desconocidos. Ahora me avergüenzo de mí misma, porque sé que, en un mundo en el que la gente no tiene escrúpulos para usar los ideales para perseguir sus propios fines, existen individuos dispuestos a renunciar a sus propios ideales para ayudar a los otros. Personas de todo tipo de nacionalidad y fe religiosa, capaces de no dejarse influir por la común voluntad de estar por encima de nadie, sino de pensar y actuar de forma autónoma y coherente, no siempre por una ventaja personal, terrenal o ultraterrenal. Es más, a veces en contra de una ventaja personal propia… Te pido perdón. Tú, Anselmo, Ricardo, Emanuel, Jamal y Firuz sólo merecéis un enorme respeto, cualquiera que sea la motivación que os ha llevado a ayudarme”.

En el año 90 después de Cristo, el Templo de Jerusalén fue destruido definitivamente (el primer templo, levantado por el rey Salomón, es el que se describe en la Biblia; el segundo templo fue reconstruido por Herodes). En la ciudad se conservan los documentos escritos por Santiago, el hermano de Jesús y enemigo acérrimo de Pablo. Zoker se cuela en la ciudad en llamas para recuperar los pergaminos, pero morirá a manos de Pablo.

Una religión tiene que unir, no dividir. Una religión tiene que salvar, no condenar”.

La novela termina con los pergaminos en mano de la Iglesia cristiana y nunca salieron a la luz.

Jerusalén: Muro de las Lamentaciones

Es un libro que me ha gustado mucho, con el que he disfrutado, pese a que no soy amante de las descripciones de batallas, aquí considero que son lo suficientemente amenas como para engancharnos a una frugal lectura.
Una de las cosas más impactantes de este libro es que el autor no se limita a ponerse a favor de unos u otros, sino que se mantiene neutral y da todos los puntos de vista de las tres religiones monoteístas, que siempre han rivalizado entre ellas, añadiendo que Jerusalén no sólo es la Ciudad Santa de los cristianos, sino también para el Judaísmo y el Islam.

Esta noche se cena fuera

A estas horas debería estar en Logroño y, sin embargo, estoy en casa. Al final me he quedado. No sé si ha sido por falta de ganas, porque no dormiría en mi cama o porque me agobia salir en ciudades grandes (aunque Logroño no es que sea tan grande).
Fue idea mía. Celebrar una cena de 'solteros' en honor a San Ballantine's (aprovechando que el día 14 de febrero está a dos días). Después se decidió el lugar y se avisó a todos.
Lo que de verdad me gustaría hacer esta noche es echar una partida de dardos con un ángel, aunque me gane; me gustaría disfrutar de su presencia.
Y también me apetece tranquilidad, que posiblemente la tendré.

La noche del viernes

Lo mejor del viernes por la noche es no tener que madrugar el sábado. Lo peor es que debería haber salido, pues quizás no vea en todo el fin de semana a esa persona tan especial. Aunque estoy segura de que mañana me haré la remolona y me costará levantarme. Cualquier sábado por la mañana es fácil caer de nuevo en la somnolencia porque todos esos sábados sin obligaciones me imagino despertando al lado de un ángel. Y es... maravilloso, como poco.

viernes, febrero 11, 2011

Sencillamente perfecto

Esta mañana tenía prisa, pero esa urgencia no me ha robado ese instante de él. Perfecto. Mágico. Estaba guapísimo. Y me tenía que marchar. Pero el instante en que ha aparecido él, aunque fugaz, ha sido perfecto.

Algo sencillamente perfecto.

Las tres de la tarde

Es la hora de marchar.
Me alegra que la tarde del viernes esté soleada, porque impulsa a salir a la calle, a entrar en contacto con la naturaleza, a tomar una cerveza en la ermita, a pasear al perro...
Las tardes soleadas siempre me las imagino con él. En una siesta larguísima a su lado sobre un campo de césped, tocándole el pelo, mirándole a los ojos y perdiéndome en ellos, redescubriendo su sonrisa angelical, acariciándole el rostro, escuchando su voz...
Las tres de la tarde. Me voy a lavar el coche y a disfrutar de todas las horas soleadas que me quedan por delante. Mejores serían en la dulce compañía de un ángel.

Sin avisar

Las cosas buenas de la vida siempre aparecen sin avisar. Él apareció sin avisar y el simple hecho de verle, aunque sólo sean unos segundos al día, me embriaga. Es un cúmulo de sentimientos tan grande que mis brazos se quedan cortos para albergar todo, mi pecho se queda pequeño para alojar tanta intensidad, mis palabras se quedan a la mitad para describir tanto...

Estoy viviendo algo tan dulce como no había experimentado nunca.

Éste es el mejor momento para ir a disfrutar de los sueños en los que aparecerá, casi con toda seguridad, él...


"La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar". (Thomas Chalmers)

jueves, febrero 10, 2011

Algo bueno

Hoy he leído que todo el mundo se merece que le ocurra algo bueno en la vida. Si me pongo a pensar, podría asegurar que yo he tenido muchos buenos momentos en el pasado, pero también es cierto que, ahora, en el momento presente, estoy viviendo un momento único, un momento en que la alegría eclipsa a los instantes de tristeza.
Una de las mejores cosas que me ocurre cada día es cruzarme con esa persona. Una de las mejores cosas que me ha ocurrido en los últimos años ha sido conocer a ese ángel de mirada perfecta. Gracias a él, muchos días sonrío inesperadamente y gracias a él vivo todo más intensamente.

A veces me gustaría poder darle las gracias por hacer que todos los días tengan más color, por hacer que la vida tenga un poco más de magia. Es tan especial...

Al sol

Hoy es uno de esos días que, con el sol, apetece pasear. Pasear con él, claro, mirarle a los ojos y encontrar cosas tan hermosas que no tendría palabras. Cogerle de la mano y sentir esa suavidad al tacto.
Hoy he visto a la gente que va con él, pero él no estaba. Sigo echándole de menos.
Echo de menos todas las cosas buenas que emanan de él en el instante de magia.

Creo que me voy.

Describiendo lo indescriptible

"La gente se siente sola porque construye paredes en vez de puentes".

A propósito de la máxima que he escogido esta noche, tiene que ver con lo que hace unos minutos escribía sobre Rusia. Es fácil ponerse obstáculos, pero en la fortaleza de cada persona está sortearlos de una forma u otra.
Eso me recuerda a que si en vez de creer que existe un muro de cristal entre la persona a quien tanto quiero y yo, pensara que es un puente lo que tengo que cruzar es posible que ya le hubiera besado, aunque sólo fuera al dejarme llevar por el deseo de él. Quizás ese muro de cristal es el que, de alguna forma, me separa de él. Las paredes separan, los puentes unen. Y parece sencillo, porque le cubriría de besos, de caricias, de piropos y de risas, pero no. Tampoco podemos siempre hacer (ni decir) lo primero que nos viene a la cabeza, sino este mundo sería un mundo de locos.
A estas horas le echo en falta, porque un día sin él es un día más oscuro de lo habitual. Echo de menos todas esas cosas buenas que veo en su mirada otros días, echo de menos el fuerte golpeteo en mi pecho cuando él aparece, echo de menos esa dulzura que emana de él...

Es hora de dormir.

miércoles, febrero 09, 2011

Inquietudes

Nunca me ha preocupado el problema checheno, pero de un tiempo a esta parte me mantiene inquieta, y no sólo por los chechenos, porque el último atentado se ha atribuido a un grupo islámico del Cáucaso. Cuando las cosas ocurren lejos nos desentendemos un poco. Alguien me dijo una vez que las cosas siempre pasan cuando tienen que pasar. Me lo dijo un ángel y, por ser él quien me lo dijo, me reconfortan un poco sus palabras.
Pero el país de la Perestroika, de Gorbachov, Putin y Medvedev, de las purgas de los años 30, de la revolución bolchevique, de la KGB, de la perrita Laika, del transiberiano, de la Plaza Roja, del Palacio de Invierno, etc. me produce cierto desasosiego.
Rusia me atrae ahora más, si es posible esto. Yo creo que terminaré visitando ese país a finales de mayo, pero esto no quita para que me encuentre un poco intranquila.
Recuerdo cuando en un certamen de misses el embajador ruso le preguntó a una de las chicas qué sabía de su país. Tampoco es una pregunta tan complicada.
De todas formas y pese a las inquietudes, Rusia está cada vez más cerca.

Atentado en Moscú (enero 2011)

Las sombras de la noche

Estoy pensando en que es un buen momento para desconectar de todo y marchar a casa. Quizás el día haya sido demasiado largo. Lo que es cierto es que estoy pensando en alguien que siempre me aporta esa calma y tranquilidad que a veces necesitamos.
Daría un mundo por caminar ahora con él por la calle, cogidos de la mano, en medio del tenue silencio que describen unos pasos a la par.
Me pregunto dónde estará, aunque puedo imaginarlo. Es posible que salga y vea su coche.

¿Dónde están las emociones?

Después de una tarde en que no he tenido ni un minuto para respirar, me voy a regalar unos minutos de relax.
Hoy me faltan las emociones. A lo largo del día he tenido emociones, pero no tan intensas como cuando me cruzo con esa persona tan especial. Echo de menos sus ojos angelicales, su rostro adorable, la dulzura de su voz, esa sonrisa que tantas alegrías desata en mí cada vez.
Me gustaría quedar con él ahora y tomar algo, sólo para disfrutar del hecho de sentirme atrapada por su mirada, sólo por quedarme embelesada con sus palabras, con su sabiduría. Me gustaría preguntarle tantas cosas...
Existe la emoción cuando hablo de él, cuando siento que mi corazón se desborda de cariño al imaginarle cada vez, al redescubrirle cada minuto, al dedicarle unos instantes.

Y al poner el punto final de ese intento de describir emociones vuelvo a sonreír.

Las terrazas están llenas

Como el día acompaña, las terrazas de la plaza del kiosko de Ezcaray están llenas de gente al sol.
Ha venido mi hermano a verme, lo que es de agradecer. Aunque ya la gente me saluda por la calle o me preguntan...

Es otro día sin él, sin esa mirada perfecta, sin esa voz sensual, sin esa sonrisa misteriosa.

Es hora de coger el coche y marchar.

Tres, dos, uno...

Me voy a conceder unos minutos antes de dormir. Esos minutos en que el silencio te hace reflexionar sobre el día que acaba, sobre una persona única, sobre cada hora pasada o cada persona con la que has hablado.
Me quedo con el instante en que ha aparecido él y el reloj ha dejado de girar. Ese instante único, cargado de magia, de deseos de abrazarle, de besarle, de quererle, de susurrarle que estaba guapo...
Le diría tantas cosas y tantas cosas me guardo en el tintero...

Es hora de dormir, de ir a soñar con él.

martes, febrero 08, 2011

Cuando venía

Cuando venía he visto que él todavía seguía. En esos momentos mi imaginación vuela hasta donde está él para ir a tomar algo. Por unas cosas o por otras nunca voy a verle, aunque ganas no me faltan.
Me encantaría acariciarle, mimarle quizás, preguntarle cómo le ha ido el día y susurrarle lo guapo que está...

El olivo de noche

Al llegar a casa y después de haber metido el coche, suelo llamar al perro y venir al parque unos minutos, a respirar aire puro, a desconectar, a dedicar unos minutos a una persona muy especial. Adoro estos minutos de tranquilidad junto al solitario olivo.

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La torre exenta

Al atardecer, siempre miro hacia la torre de la catedral. Adoro la iluminación de esa torre cuyo perfil me parece insólito. No es baladí. Cualquiera que se ponga a dibujar los mil y un relieves que la decoran sabrá por qué lo digo. Y es que a mí me tocó dibujarla muchos años ha. Hice trampas, porque desde la calle era imposible dibujarla tal cual, me salía proporcionalmente más pequeña de lo que en realidad parecía y con una carencia sublime de detalles. Así que cogí una enciclopedia de La Rioja e hice borrón y cuenta nueva, más tranquila ya, cuando llegué a casa. Mi dibujo fue expuesto, como tantos otros de aquella época. Que yo dibujaba bien, pero no al aire libre, tenía que encontrarme relajada. Ahora, más bien al contrario, suelo dibujar edificios al aire libre, sobre todo cuando voy de viaje.
Esa torre, separada del conjunto catedralicio por una calle y por motivos arquitectónicos, se ve casi desde cualquier rincón de la ciudad. La veo cada día, la he llegado a dibujar, pero... nunca he subido arriba. Y, por supuesto, me gustaría subir con un ángel, para regalarle un beso en cada escalón. Si tiene entre doscientos y trescientos escalones, tales son los besos que le robaría.

Y ahora, al marchar, la dejaré atrás, pero sus luces anaranjadas seguirán refulgiendo a mis espaldas como si hicieran las funciones de un faro.

Un minuto de magia

El instante del día ha sido el momento en que me he encontrado con él. Desde ese instante todo ha ido sobre ruedas. Echaba de menos esos ojos perfectos, esa mirada que concentra en sí misma todo lo mejor del mundo. Echaba de menos poder decir que estaba guapo con razón de causa (y no tener que imaginarlo).
Después de tantos días, he vuelto a sentir que el cariño me desbordaba, he vuelto a ver esa dulzura en su rostro.
Verle cada vez es como un soplo de aire fresco. A veces creo que, con sólo mirarle, me brinda la fortaleza que puedo necesitar para el resto de las horas, me da la fuerza para sonreír cada día, aunque el día llegue con mal viento. Un día dije que ese ángel tan especial es como un islote al que me aferro en algunas ocasiones, pero es mucho más que eso. Él me aporta demasiadas cosas como para ignorarlas. Y luego despierta en mí unos sentimientos demasiado intensos.
Es como si al mirarle me crecieran alas en la espalda, es como si se liberaran todas las cargas, es como si todo fuera perfecto, como si el mundo tuviera otro color, como si todo quedara en suspenso... Es algo así como magia.
Al releer todo lo que acabo de escribir siento que le quiero cada día un poco más.

Diez minutos

En diez minutos espero estar de camino a los sueños o, por lo menos, soñando con un ángel. Ese ángel al que he echado tanto de menos en el día que acaba. Quizás él ya esté durmiendo...
Me gustan estos últimos momentos lúcidos del día en que le dedico a él, en que mi mente se desvía hacia las estrellas y le imagino. Recuerdo su mirada perfecta, su enigmática sonrisa, su dulzura, su delicadeza y el timbre de su voz. Y cada noche es más ángel, si cabe.

Esta noche me han dicho que tenía que regresar a Salamanca y también me han invitado a París. En mi mente me imaginaba regresando, ya que ambos lugares los conozco, pero con él. Supongo que también volvería sola, pero me gustaría compartirlo con él. De Salamanca le mostraría los lugares donde soñé, los rincones donde me reí, las leyendas que escuché, los secretos que descubrí. De París volvería a revivirlo todo como si fuera la primera vez que lo veían mis ojos, pero dándole la mano, que por algo la llaman la ciudad del amor. Podría regresar a una y otra en cualquier momento, pero me gustaría invitarle a él, mostrarle lo que mis ojos vieron en cierto momento del pasado y lo que ven ahora. Y sólo con él...
Si mañana me invitaran a ir a cualquier otro sitio, aunque nunca haya estado, también él entraría en ese viaje imaginario.

Tanto es lo que me gustaría compartir con él...

Con su imagen en mente, tan dulce, tan noble, tan perfecta, éste es, sin duda, el mejor momento para ir a abrazarle en sueños.

lunes, febrero 07, 2011

Tras aquella colina

En el parque que hay junto a mi casa hay un olivo diminuto. Cuando hace calor, me gusta sentarme en uno de los bancos de alrededor, sobre todo en el que queda enfrente de la carretera. Ahora, por la noche, se ven las luces de los coches en uno y otro sentido. Cuando aún se distingue la silueta de la colina que oculta SD me imagino que alguien muy especial está allí, detrás de aquella colina.
Me pregunto dónde estará...

Estoy algo cansada hoy.

¿Y hoy...?

Tenía ganas de llegar a casa porque tenía ganas de escribir, estaba pensando en lo que escribiría, en lo que le he echado de menos, en que creo que no nos hemos cruzado hoy por cuestión de minutos. Seguro que estaba guapísimo. Siempre está guapo, cuando le veo y cuando no le veo también.
Ahora siento que me falta algo.

Venía a casa y pensaba en lo largo que ha sido este lunes. Que seguro que si hubiera visto a ese ángel de mirada perfecta no hubiera sido tan largo. Me gustaría preguntarle qué tal le ha ido el día. De momento, tendré que imaginarlo.

Debería ir a leer un rato. Se le llama desconectar. Y luego bajaré al perro al parque a que se dé unas vueltas, que hace una temperatura agradable.

Tres semanas en facebook


Las redes sociales están muy bien para reencontrarse con gente a la que hacía mucho tiempo no veías, para volver a contactar con personas con las que quizás habías perdido el contacto, para volver a estrechar los lazos con aquellos de los que guardas un buen recuerdo, para tender puentes con amigos que viven lejos.
Vale, sí, perfecto, pero después de tres semanas entrando casi todos los días me termina aburriendo. Si me atrae es por lo que me atrae, pero ¿de qué me sirve si no puedo escribirle todo lo que me gustaría decirle? Hay palabras que sólo se pueden compartir con una única persona y no en público.
Eso es como una multitudinaria reunión social donde no se puede decir apenas mucho. El chat lo tengo bloqueado porque no me gustan los instrumentos en la línea del messenger.
Cuando me hice el facebook, hace ya unos meses, recuerdo que escribí que una red social jamás podría mostrarnos una sonrisa, jamás ahí podríamos quedarnos atrapados en una mirada, jamás podríamos escuchar el sonido de una palabra, ni el temblor de unos labios, ni jamás podríamos tocar el pelo de otra persona. Prefiero el sabor de un café a tener que describirlo. Prefiero que me tiemble la voz al sentirme atrapada en su mirada y no tener que buscarla en un instante congelado a saber dónde y cuándo.
Y entonces, cuando me apetece decirle que está guapísimo, me tengo que cortar los dedos y mantenerme en silencio. ¿Cuántas veces he estado a punto de escribirle 'hola' en el día de hoy? Ni sé... No lo he hecho porque... hay demasiado público.
Eso no quiere decir que vaya a dejar de entrar en facebook, no lo creo. Reconozco que sigo prefiriendo el blog y escribir libremente.
Esto me recuerda a que he entrado en contacto con todo lo que sale en internet (chats, messenger, foros, juegos on-line, descargas PSP, etc.) y todo me ha terminado cansando. ¿Todo? No. Excepto el blog. Me pregunto si lo hubiera mantenido día a día de no ser porque me gusta escribir.

Porque todas las cosas bellas de la vida me llevan a él

Será amor o será magia o serán las dos cosas. Cualquier cosa que me reporte algo que felicidad, algo de belleza, algo de paz me lleva irremediablemente a pensar en un ángel. Como para no quererle…
En estos momentos, cuando miro a las estrellas, en todo su esplendor, recuerdo la luz de su mirada, el aura que le rodea, la misma tranquilidad que él me aporta, igual que cuando miro al firmamento estrellado. Ahora no hace tanto frío y adoro asomarme a la ventana por las noches.
Cuando entro en contacto con la naturaleza y mis pulmones se hinchan, cuando me siento llena de vida… pienso en él, en todo lo que me gustaría compartirlo con él, preguntarle qué piensa bajo la sombra apetecible de una encina.
Cuando observo a la gente, los cafés a media mañana, los adoquines de las calles por las que quizás también ha caminado él, cuando miro hacia atrás o hacia delante, cuando pienso en el momento presente… sonrío y sonrío porque pienso en él, ya que él me hace sonreír, incluso aunque no le vea.
Cuando una única persona te aporta tantas cosas buenas sólo se le puede querer.
Le daría mil veces las gracias y no sería suficiente.

domingo, febrero 06, 2011

Las últimas horas

Estoy completamente enganchada a una novela histórica sobre Jerusalén. Me fascina el tema de las religiones monoteístas, por todo lo que conllevan. No me gustan tanto las batallitas, aunque aquí están muy bien descritas.
Lo que vaticinaba el viernes es que iba a ser un fin de semana tranquilo y no me he equivocado. Como el tiempo ha acompañado, he respirado naturaleza todo lo que he podido. Esta tarde me llevaba un libro y al perro a la ermita, pero estaban mis amigos y nos hemos echado unas risas.
Le he echado de menos, claro, y a veces pensaba en lo que me gustaría caminar con ese ángel por todos esos parajes.
Necesitaba dedicarme unos días. Reflexión, calma...

Instantes de paz

Hay instantes en la vida mejores y otros peores. Yo ahora no estoy en uno de los mejores, aunque tampoco en uno de los peores.

Me encuentro en una de esas épocas tranquilas en que mi espíritu sólo busca la calma. Quizás por eso esta noche estoy aquí y no tomando unas cervecitas por cualquier bar, donde quizás mis pasos se hubieran encontrado con los de esa persona tan especial. Ya le veré el lunes o el martes o cualquier otro día…

Hoy es uno de esos días en que me tumbo en la cama e intento dejar la mente en blanco. Funciona. A veces necesitamos sacar todo de dentro. Aunque enseguida empieza a dibujarse el perfil de un ángel y me quedo inevitablemente dormida, pero feliz.

Seguro que hoy está guapísimo.

sábado, febrero 05, 2011

Lo que se espera del sábado

Es curioso, pero este sábado me quedaré en casa. No me apetece salir de fiesta. A lo sumo, saldré a tomar un café al bar y, como quiera que me han cortado la calle más directa, es posible que vaya caminando.
A veces apetece caminar bajo las estrellas. Es una manera de observar todo lo que nos rodea más detenidamente, y por lo general todo va tan deprisa que nunca nos detenemos a observar el entorno. Además, hay muchísimas estrellas esta noche y las estrellas me llevan a pensar en un ángel. No le veré esta noche, aunque otras noches llegarán...
Al pensar en él, la decisión de quedarme en casa se tambalea un poco. Lo cierto es que mañana me arrepentiré de haberme quedado porque no habré desconectado lo suficiente.
Acabo de recordar que he soñado con él.

Hoy me apetece leer, ir pronto a la cama y soñar con él.

Las últimas horas

No se qué ha pasado las últimas horas. Anoche quería salir, pero me entró la somnolencia antes y después de cenar. Fue extraño y luego sólo deseaba dormir.
Vuelvo a aprovechar las horas de sol para sacar de paseo al perro, que le he traído la pelota, pero está junto al coche y no quiere jugar. Hace buena temperatura.

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viernes, febrero 04, 2011

Las alargadas sombras de la tarde


La ermita, sombreada por las siluetas alargadas de los árboles, en su solitaria compañía y en una hora donde el sol ilumina su fachada, se ve casi como si fuera una postal.
Si no fuera porque el aire es aún invernal, podría pasar por haberse hecho la foto en el mes de abril. Aunque tampoco hace tanto frío.

Se estaba bien allí.

Yo recuerdo

Recuerdo que, cuando éramos pequeños, los árboles tenían encaramadas al tronco inmensas ruedas de tractor que eran los únicos motivos decorativos de la ermita. Esas ruedas estaban pintadas de colores llamativos. De pequeños nos metíamos dentro para escondernos del ermitaño.
Estábamos en la edad de la inocencia.
Había más gente. Luego todo cambió. Ahora también la ermita se ha modernizado. Cuando hace unas décadas venían de paseo a decenas, hoy sólo hay tres hombres y un asno. El borrico está pastando por la hierba.

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Muchas cosas que contar en poco tiempo

He de aprovechar las horas de sol para dar un paseo, con el perro, por supuesto.
Lo cierto es que me hubiera gustado tener más tiempo esta mañana, pero dadas las circunstancias no he podido ni siquiera conectarme o releer lo que escribí anoche. Es que siempre suelo releerlo, porque antes de dormir hay veces que tengo tanto sueño que se me traban las palabras.

Lo que quiero decir es que esta mañana me he cruzado con él, que estaba guapísimo, que he mirado a esos ojos que contienen lo mejor del mundo, que he escuchado -aunque de lejos- esa voz tan sensual. A partir de ese momento el día tiene más color. En ese momento he comprendido todo lo que le he echado de menos esta semana, cómo ese cúmulo de sentimientos concentrados en ese pequeño instante se desbordan y hacen que en ese momento sólo exista él, que todo alrededor tenga una magia especial. Sí que le he echado de menos. He sentido que esa mirada angelical me acariciaba el alma.

Apetece salir a respirar el aire de la naturaleza. Ya que la tengo cerca, habré de aprovecharla. El perrito no ve por salir a la calle. Eso quiere decir que hoy no me echaré la siesta. Pero entre dormir y el sol, me quedo con el sol.

En cuestión de segundos

Hace frío fuera, pero tenía esa vital necesidad de asomarme a la ventana y mirar a las estrellas. Esta noche hay muchas estrellas, por lo que deduzco que mañana saldrá el sol. Me acordaba de él, de su majestuosidad, de su dulzura, de su bondad. Sonreía al imaginar que le dibujaba no una margarita, sino un jardín entero. Pero eran las yemas de mis dedos las que hacían dibujos invisibles sobre su piel.
Cuando conducía, pensaba en la coincidencia. El perfil recortado sobre una noche perfecta. Por supuesto, es una coincidencia, pero a veces ese azar que parece increíble existe. Es el mismo perfil plateado de muchos meses atrás (el mismo no, no puede ser el mismo, aunque es parecido), aquel que se me quedó grabado en la memoria como algo perfecto.
Pese a que no me encuentro moralmente en mi mejor momento, él me ha hecho sonreír. ¿Cómo no voy a querer a una persona que consigue hacerme sonreír, incluso en los momentos de bajón?

Adoro este instante de tranquilidad, en que la conciencia me dice que debo ir a contarle secretos a la almohada mientras mi mente moldea los rasgos perfectos de un ángel, instantes en que sé que, en cuanto acabe esto, quedaré atrapada en el mundo de los sueños. Eso me recuerda a que hoy iba a ir pronto a dormir y que ahora mismo se me caen los párpados irremediablemente.

"Nunca llega la felicidad por el camino que la esperamos". (Jacinto Benavente)

jueves, febrero 03, 2011

Entonces me apetecía dibujar margaritas

Cuando me iba a casa, no había un alma por la calle. Me apetecía llenarle el coche de margaritas que, además, con el vaho helado de esta noche, se hubieran quedado muy marcadas, pero entonces he pensado que, a esas horas, podría pillarme 'in fraganti' y no es plan.
Al llegar a casa y encender el portátil, algo me ha hecho sonreír. Ese 'algo' sólo podía venir de la mano de una persona muy especial.

He de ir a cenar.

El final del día

Había de terminar una cosa, que no es estrictamente laboral, pero que me obliga semanalmente. Y ahora me queda el fin de semana libre.
Aunque no sé, me da la sensación de que va a ser un fin de semana tranquilo.

Hoy estoy cansada. Si mal no recuerdo, anoche me fui a dormir más tarde de lo habitual, así que espero recuperar hoy.

Es tarde también aquí. Y mañana madrugo un poco antes.

Gigantes, grandes como montañas

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Hace mucho, mucho tiempo los gigantes vivían con los hombres en la Tierra. Los gigantes eran seres de tamaño descomunal y enorme fuerza, pero todo lo que tenían de grandes lo tenían de bondadosos. A ellos les debemos la construcción de las montañas, que creaban colocando una piedra sobre otra, como si estuvieran en la playa haciendo castillos de arena.
En el pasado, los gigantes ayudaron mucho a los hombres. Dicen que cuando había fuertes tormentas, los gigantes cruzaban los mares de dos zancadas y sacaban con sus manos a los barcos perdidos en alta mar, colocándolos de nuevo cerca del puerto. También participaban en los rescates de personas perdidas en el bosque, porque al ser los gigantes de mayor tamaño que los árboles divisaban varios pueblos desde lo alto. Pero los gigantes debían tener mucho cuidado al andar, porque a veces, sin darse cuenta, pisaban a todo el que pasaba bajo sus pies.
A pesar del gran cariño que los gigantes sentían por los hombres, sabían que no se podían acercar a ellos para brindarles muestras de afecto, porque de una sola caricia o con un pequeño abrazo los dejaban espachurrados contra el suelo.

Una de esas cosas inesperadas

A eso de las dos de la tarde le he visto pasar con el coche. Estaba junto a la ventana y justo he mirado y le he visto pasar.
Y encima va y le encuentro en facebook, así como por casualidad. Uno de esos: "Quizás conozcas a...". Creo que he abierto los ojos como platos.
Además sale guapísimo. Mejor me centro en los asuntos de la oficina.

Casi viernes

Hoy quería verle y he esperado a ver si me cruzaba con él. Pero no le he visto, aunque seguro que estaba guapísimo.

Me voy a comer, que necesito desconectar un poco de todo.

Por él...

Es tarde, pero necesito escribirlo, porque las palabras de esta noche salen desde el corazón. Siempre escribo de él, pero nunca por él. El cambio de preposición es significante, porque ¿qué no haría yo por él…?
Escribo por él porque he recordado, repentinamente, el torbellino de cosas importantes que me aporta al día, incluso aquellos días en que no sé nada de él, aquellas horas en que le echo tanto de menos, aquellas horas en que siento que me falta un poco de color…
Quizás es que los días sin él se van acumulando y entonces llegan los recuerdos. Y esos recuerdos siempre son perfectos, siempre vienen cargados de magia.
Porque él, quizás de manera inconsciente, hace que crea en los sueños, hace que tenga ilusión, hace que sonría un poco cada día.
Porque él, independientemente de lo que yo sienta, hace que tenga fe en que aún en el mundo hay personas buenas, nobles, perfectas.
Porque él ocupa un lugar inmenso en mi corazón, porque él toca mi alma cada vez, porque queriéndole siento que quiero a todo el mundo, porque todo lo que me rodea y todo lo que me pasa está rodeado de una belleza insólita, porque me ha hecho creer de nuevo en el amor.
Porque él es un ángel, una persona maravillosa y especial, alguien único, casi intangible, casi inalcanzable, una de esas personas que sólo encuentras una vez en la vida.
Porque posee una enorme sabiduría, porque su mirada consigue hacerme estremecer y su voz conseguiría hacerme bailar incluso entre las brumas de la oscuridad.
Hoy tenía que escribir por él. Por todo lo que me da, por todo lo que me aporta, por su proximidad, por estar ahí –tan lejos y tan cerca-, por todo eso que me hace sentir.
Aún existen personas especiales que nos hacen soñar.

miércoles, febrero 02, 2011

Los días sin él

Los días sin él son un poco más grises. Falta algo, no puedo negarlo. Aunque vea su coche y sienta su proximidad, aunque sepa que está a unos pocos cientos de metros. El sábado queda muy lejos, desde entonces parece que hubieran pasado años. ¿Y quién sabe? Quizás mañana le vea.
A veces anhelo escribirle y preguntarle cómo le va todo. Prefiero no pensar en esto, porque sería capaz de buscar cualquier excusa para hablar con él y soy consciente de que enseguida encontraría un motivo para hablar con él, para escuchar esa voz tan sensual.
Sigo en la oficina, aunque no estoy trabajando ya, sino que ya han empezado mis obligaciones semanales. Ni siquiera nos han dejado un fin de semana de descanso. Es lo que hay. Todavía me quedaré un rato por aquí, es lo que tiene que no pueda dejarlo para mañana.

Le echo de menos. Daría un mundo por cruzarme unos minutos con él, por cruzarme con su mirada perfecta y noble.

En un cuarto de hora

Un cuarto de hora es un espacio muy pequeño a lo largo de todo el día, pero ese cuarto de hora ha sido esencial. Desde que he aparcado el coche al volver de Ezcaray hasta que lo he vuelto a coger para venir a casa a comer ha transcurrido tan sólo un cuarto de hora.
En esos quince minutos podía haberme cruzado con él, porque al llegar estaba, pero cuando me he ido ya no estaba. Lo cierto es que me hubiera gustado encontrarme con él, que hace mucho que no le veo. Seguro que estaba guapísimo, contagiando todo con esa dulzura tan propia de él. Seguro que estaba adorable.

La época del deshielo


En Ezcaray nevó no hace mucho, por lo que los tejados siguen blancos. De hecho, se está deshelando todo y parece que está lloviendo. Hace frío, aunque menos de lo que pensaba.
Vuelve a ser otro miércoles en que estoy sola de nuevo, aunque esta vez no me ha saltado la alarma.

Me pregunto dónde estará él. Le echo tanto de menos... ¿Quién sabe...? Quizás mañana le vea. Seguro que está tan guapo como siempre.

Unas palabras antes de dormir

Se me están cayendo los párpados del sueño que tengo. Hoy sé que dormiré bien e incluso podría dormir un poco más de lo habitual (aunque no lo haré).
Hoy me he fijado que hay muchas estrellas en el cielo y en cada estrella le veo a él. ¿Existe un amor tan grande...?

Ni todas las sombras de universo son capaces de apagar la luz que llega desde su corazón.

martes, febrero 01, 2011

El anhelo de escribirle

Estaba hace un momento pensando en él y en lo mucho que deseaba escribirle unas palabras, decirle que quedáramos mañana a tomar algo. Ya no sólo por el hecho de tomar algo con él, sino para mirarle a los ojos, tampoco para contarle mis preocupaciones que harto tiene él con las suyas, sino para ver esa perfección que le caracteriza, esa dulzura que sale al exterior, esa magia que proviene de él.
Para mirarle a los ojos y decirle únicamente 'Gracias'.

Caminando por una calle desierta

Lo mejor de terminar una jornada imparable es tener la seguridad de que él no estaba muy lejos, saber de su proximidad, pensar en enviarle un mensaje de ánimo y decirle que no se vaya tarde a casa, caminar por la calle siendo consciente de que quizás un rato después podrías haberte cruzado con ese ángel de mirada perfecta.
Le echo de menos.
Echo de menos su mirada magnética.
Echo de menos los instantes de magia en que aparece él y que hacen que los días sean más ligeros.

Lo peor es que mañana tampoco creo que le vea.
Lo mejor es que después de mañana vendrán más días.

Seguro que estaba guapo.

Sobrevivo

Aunque parezca mentira, sobrevivo. Necesito descansar, por lo que me voy a marchar a casa en cuanto cierre esto. He hecho lo imposible para cruzarme con él, pero ha sido radicalmente complicado que me fuera de donde no podía irme. La mañana se ha alargado, tanto que creo que habré estado en la oficina, sentada al ordenador, no más de una hora. Por la tarde ha sido diferente, al menos he podido sentarme, pero tenía trabajo acumulado.
El día empezó mal, como decía ayer, porque me vi envuelta en una encerrona que he aclarado esta mañana. Pero las dos conversaciones pendientes hicieron que anoche me mantuviera durante horas dando vueltas en la cama. Incluso estuve a punto de ponerme a escribir. Sólo la imagen angelical de una persona muy especial, al pensar en él antes de cerrar los ojos, consiguió reconfortarme y al final me quedé dormida pensando en él. Sigue existiendo la magia.
A media mañana estaba tratando con unos y con otros. Y uno ha terminado invitándome a comer. Tenía los ojos azules y cuando le miraba imaginaba que era otra persona la que estaba delante de mí. La comida ha sido amena. Y he llegado tarde a la oficina, con los pies molidos. Ahora el sueño puede conmigo, posiblemente por lo que me costó dormir anoche.
Pese a lo que decía ayer, el día ha salido redondo.

Quiero irme a casa, desconectar y pensar en él.

Comienza febrero

Febrero no comienza con buen pie. Aprovechando mi ausencia del viernes, no faltó quien me la quiso jugar en el terreno laboral. Mañana hablaré con esa persona. Lo que me quema no es el hecho de que se haya dudado de mí, que en ningún momento he dado motivos para ello, sino lo que se ha hecho o se ha intentado hacer a mis espaldas. Mañana mantendré dos (o quizás tres) conversaciones bastante serias a primera hora. Cuanto antes me lo quite de encima mejor, pero no puedo estar sin aclarar este malentendido en que me he visto envuelta sin comerlo ni beberlo.
Por otro lado, febrero es el mes del amor, aunque el amor en realidad es de todos los días. Yo hablo de amor a diario.
Pasa rápido, seguramente más rápido que el mes anterior. Me encanta empezar mes nuevo, adoro pasar la página del calendario porque eso me recuerda que lentamente los días más crudos del invierno van quedando atrás y el calor se acerca cada día un poco más.
Me pregunto si seguirá habiendo magia en febrero, aunque en realidad estoy segura de que así será. El ángel, su mirada y su magia seguirán marcando los días y convirtiendo éstos en jornadas luminosas y llenas de alegría (o eso espero).

Y bien, que es tarde.

"Ama un solo día
y el mundo habrá cambiado".
(Robert Browning)