jueves, agosto 06, 2015

Desafío "Encuentra al personaje 2015" (9)

En el Desafío "Encuentra al personaje 2015", seguimos encontrando en las lecturas actuales más personajes.

#31. Un personaje que dé/asista a una fiesta (Lista 3)

Germán Ripoll y Alfredo Papirer acuden a la fiesta de los Bonmatí, encontrados dichos personajes en La ley de los justos, de Chufo Lloréns.
"A las diez de la noche el Milford conducido por Mariano aguardaba turno en el caminal de plátanos que iba desde la reja de la entrada hasta la explanada destinada al estacionamiento de los coches de los invitados. La cola avanzaba lentamente. Hacía una noche espléndida para el mes de noviembre, y la música que salía desde los salones de la casa llegaba nítida hasta donde estaban los dos amigos.
-¡Esto pinta pero que muy bien, Germán! Si la cena está a la altura del ambiente, será espectacular
(Página 65).
#32. Un personaje con más de tres hermanos (Lista 2)


Manuela, la asistenta amiga de la portera de un inmueble parisino, nació en una familia de muchos hermanos, concretamente tiene trece hermanos. Aparece en la novela La elegancia del erizo, de Muriel Barbery.
"De la misma manera que yo soy para mi arquetipo una traición permanente, Manuela es para el de asistenta portuguesa pura deslealtad. Pues la hija de Faro, nacida bajo la higuera tras siete retoños y antes de otros seis, enviada a trabajar al campo desde su más tierna infancia y al poco casada con un albañil pronto expatriado, madre de cuatro hijos franceses por derecho de suelo pero portugueses por consideración social, la hija de Faro pues, con medias negras y pañuelo en la cabeza incluidos, es una aristócrata, una de verdad, una bien grande, de las que no se prestan a discusión porque, aun llevando el sello en el mismo corazón, desdeña toda etiqueta y todo abolengo (Páginas 28-29)".
#33. Un personaje con rastas (Lista 3)

He encontrado a Diana, una joven con rastas rubias, en Los amantes de Hiroshima, de Toni Hill.

“’Es absurdo malgastar así un sábado por la tarde’, pensó Joel, aunque en realidad sólo por estar junto a Diana merecía la pena montar esa guardia ridícula. Todo lo que le rodeaba a esa chica, de rastas rubias y tetas firmes, era siempre de lo más raro. Cuando ella dejó las clases, a principios de curso, él creyó que no volvería a verla, y sin embargo no había sido así (Página 140)”.

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