lunes, febrero 14, 2011

¿Día de qué?

Cuando íbamos a la escuela, todos los viernes por la tarde los dedicábamos a las manualidades. Recuerdo que preparábamos con mucho tiento lo que entregaríamos a nuestros padres, con varios meses de antelación, para conmemorar tanto el Día del Padre como el Día de la Madre. Entonces no éramos conscientes, pero ahora me parece algo muy cruel… para aquellos niños que carecían de alguno de sus progenitores. En mi clase había un compañero que había perdido a su madre pocos años antes. Recuerdo que siempre decía que era para su tía.

Esto va encaminado a que los ‘Días de”, pura invención humana y artificial, no deberían existir más que como días normales. En lo que respecta al Día del Padre o de la Madre, independientemente de la crueldad de cara a aquellos niños a los que les falte uno de ellos o incluso los dos, es obvio que un padre o una madre no son mejor padre ni mejor madre en ese día en concreto, ellos seguirán siendo padres y madres a lo largo de todo el año y a lo largo de muchos años, con su empeño, su esfuerzo, sus enseñanzas y todo lo que a bien quieran enseñar a sus hijos. Yo no quiero hablar de esos dos días, sino de otro que comienza ya, y que tampoco sirve para nada: el Día de los Enamorados. Debería eliminarse del calendario. Porque quien está enamorado lo está durante todo el año, incluso durante muchos años. Creo recordar que el año pasado escribí algo al respecto. No estaba enamorada entonces y creo no estarlo ahora.

Yo amo y además amo con intensidad, y no sólo amo a un ángel de mirada perfecta, sonrisa misteriosa y enorme sabiduría (entre otros múltiples atributos), sino que amo todo lo que me rodea, amo cada mañana y cada noche, amo cada instante del presente, amo cada palabra que escucho e incluso las palabras que salen de mis manos cada día. No creo que sea necesario demostrar a nadie que se ama. Yo sé que en mi vida hay amor porque día a día describo un instante de él, porque día a día le dedico un minuto de pensamiento (o muchos minutos), porque noche a noche aparece en mis sueños, porque cada mañana, al abrir los ojos, lo primero que ‘veo’ es su imagen e inevitablemente sonrío, pero además comienzo el día con una fuerza descomunal (me pregunto si también al recordarle él me da esa fortaleza o parte de ella). Y después, cuando voy en el coche, mirando el cielo y el entorno que pasa ante mis ojos, me pregunto si me cruzaré con él, si me brindará un instante de felicidad.
Sé que le amo porque cada día intento describir, poniendo el corazón sobre la mesa, cada emoción, porque siento que me vibra el corazón, porque sonrío inesperadamente, incluso en los peores momentos, porque le busco entre la gente, porque anhelo escucharle, mirarle a los ojos, acariciarle, redescubrirle cada vez.
Y le amo todos y cada uno de los días del año, desde hace ya unos cuantos meses, le amo cada hora e incluso cada minuto. Al pensar en él, me estremezco, porque soy consciente de que él es una de las mejores cosas que me ha ocurrido en los últimos años. Me han ocurrido buenas cosas, pero no todos los días se conoce a un ángel, un ángel que se hace querer casi desde el primer momento. Un ángel que me depara momentos extraordinarios y, además, me aporta trocitos de su sabiduría, que no es poca.

Sólo digo que no es necesario un día para demostrar a nadie que se le quiere, que eso forma parte del día a día.

domingo, febrero 13, 2011

La nostalgia de los domingos

El domingo es el día de la semana que menos me gusta, sobre todo en invierno.
Después de la lluvia, me he asomado a la ventana, porque adoro los aromas que quedan después. Y me he fijado en lo solitaria que se encuentra la calle, con todas las casas cerradas, con todas las persianas echadas, sin vehículos aparcados en las puertas, sin las voces infantiles entre las sombras que proyectan las farolas. En unas horas, se ha convertido en un pueblo fantasma.
En días así, casi nostálgicos, me gustaría refugiarme en sus brazos, taparnos con una manta y ver una película o jugar a algo.

Igual es que es día trece.

sábado, febrero 12, 2011

Las picardías del perro

Tengo al perro enamorado. No piensa más que salir a la calle y, si nos descuidamos, echa a correr y va a buscar a la perrita que le está trayendo de cabeza últimamente.
Por fortuna, si desaparece, ya sabemos dónde encontrarle.
Hoy no ha comido y ayer se pasó varias horas enfurruñado.
Esta tarde le he llevado al campo y no he llegado al árbol donde me apetecía sentarme con un libro. El perrito ha olfateado mirando hacia las lejanas casas del pueblo y ha echado a correr hasta el coche. Así que me he tenido que marchar.

BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

Jerusalén


Resultado de imagen de jerusalen libro
Cuando tenemos en las manos una novela histórica es muy importante que el narrador no sólo sea buen escritor, sino que además sea un magnífico historiador y, para esto, no es suficiente conocer la historia sino fundamentarla con abundante documentación.
Las novelas históricas, junto a los thriller psicológicos, son mis favoritas. Quizás es porque siempre he sido una afortunada al escogerlas, quizás porque siempre he encontrado a unos buenos narradores-historiadores que han sabido engancharme casi desde las primeras páginas.

En una novela histórica es muy importante que exista un buen trasfondo histórico, con unas descripciones exquisitas del ambiente y de los edificios, de la época histórica, y por supuesto es necesario que aparezcan personajes históricos reales. Del lector dependerá descubrir después, a través de la documentación si la historia le ha gustado, qué es lo verdadero y qué es lo ficticio.
A través de una novela histórica es relativamente sencillo profundizar en diversos aspectos históricos que con anterioridad conocíamos de manera ficticia. Reconozco que yo soy una de esas personas que investigan qué es lo real y qué es lo ficticio en una novela histórica.

Al coger una novela titulada Jerusalén, el lector es consciente de que no va a ser una novela fácil de leer, porque es obvio que va a entrar en la historia un asunto tan complejo como es la religión.
En esta novela hay dos momentos históricos diferenciados: año 70 después de Cristo, año de la destrucción del Templo de Jerusalén; y el año 1099, año de la primera cruzada que conquistó a los musulmanes la Ciudad Santa, después de haberla sitiado durante más un mes. Evidentemente, para la Historia de las Religiones son dos momentos históricos clave y, por ende, suscitan muchas preguntas sin respuesta.

En la novela, también aparecen personajes que existieron realmente. Menos fiables son los datos que se refieren a Santiago, supuesto hermano de Jesús, del siglo I después de Cristo. Pero los protagonistas, como en la mayoría de las novelas históricas de nuestro tiempo, son personajes ficticios, que envueltos en una época histórica relevante se entremezclan con los hombres que en verdad existieron. Y son estos personajes ficticios los que atraen nuestra atención, puesto que a nuestros ojos se terminan convirtiendo en unos héroes. Lo que me gusta de estos personajes es que no son del mismo bando, sino que hay cristianos, judíos y musulmanes, así como seres considerados marginales (una prostituta o un religioso dedicado a hacer el bien, en contradicción con los buitres de su condición –religiosa- que se codean con la aristocracia); seres marginales pero íntegros, con un alma buena y pura.


Durante el siglo XI de nuestra era se produjo una enorme movilización de personas en dirección a Tierra Santa. Es el comienzo de las cruzadas. Con el ejército (mal denominado) ‘de Dios’, no sólo van soldados, caballeros y señores, sino que una recua ingente de gente de todo tipo les acompaña (esposas e hijos, sacerdotes, prostitutas, etc.). Ese vasto movimiento de tropas y todo tipo de gente camina lentamente y se tiene que detener a luchar contra los musulmanes en otras ciudades antes de llegar a Jerusalén.
En el año 1099 Jerusalén está bajo el poder del gobernador Iftikhar Al-Dawla y la Ciudad Santa está llena de mezquitas, pero también de sinagogas, porque los musulmanes conviven pacíficamente con los judíos. Cuando los cruzados al mando de aristócratas normandos, loreneses y francos llegan a las murallas de Jerusalén e intentan entrar en la ciudad, consiguen atravesar una primera muralla, pero muy pronto se tienen que batir en retirada, comenzando así un largo asedio, donde los cruzados subsisten en unas condiciones pésimas, ya que carecen de agua.

Ricardo es un guerrero normando que, tras salvarle la vida al conde Raimundo de Toulousse (uno de los comandantes más importantes), se convierte en guardaespaldas del conde. Unos años antes, cuando aún no habían partido a Tierra Santa y con la purga de los judíos en Maguncia, había salvado a dos hermanas hebreas de caer en las garras de los soldados cristianos, Sara y Rebeca. Es un hombre honesto, aunque no cree en las palabras de los religiosos.
Emanuel es un guerrero griego, repudiado por el resto de las facciones del ejército. Pierde a sus compañeros en la primera batalla contra Jerusalén. Cree que tiene que purgar sus pecados por una batalla anterior, pero nunca es suficiente. Se convertirá en un amigo fiel de Ricardo. En batallas anteriores conoció a un turco y crearon un vínculo de amistad que les volverá a unir en el futuro.
Inés es una prostituta francesa, bellísima y sinuosa, que se prenda de Ricardo. Acompaña al ejército hasta las puertas de Jerusalén. Por más que lo intenta, no consigue llevar a su tienda a Ricardo. Es lista y aprenderá a luchar como un soldado.
Anselmo es un orondo religioso que intenta sacar a Inés de ese mundo de lujuria y depravación, sin éxito. Es un verdadero religioso que cree realmente en la empresa de Dios. Pero, a la hora de la verdad, cuando tiene que elegir entre Dios e Inés, da la vida por salvarla a ella.
Rebeca y Sara son dos hermanas judías que habían huido a Jerusalén desde Maguncia, donde habían visto morir a su padre a manos de los cristianos. Rebeca porta unos pergaminos que habían pertenecido a su padre, que contienen los escritos de Santiago, el supuesto hermano de Jesús, y opositor de las enseñanzas de Saulo de Tarso (San Pablo), que demuestran que no fueron los judíos los que mataron a Jesucristo. Rebeca, que posee una gran inteligencia y mejor oratoria, sabe lo importante que son esos textos para la Humanidad. Sara, en cambio, es una víctima de las circunstancias, bellísima pero estúpida, dependiente de su hermana en todas las circunstancias. Un caballero normando y un emir musulmán perderán la cabeza por ella.
Jamal es un emir musulmán que vive en Jerusalén. Cuando ve a Sara se enamora de ella y, pese a la indiferencia de la joven y bella hebrea, él dará su vida por salvarla.
Firuz es un turco que se convierte en lugarteniente de Jamal, tras haberle salvado la vida. Pese a que debería haber sido enemigo de Emanuel, creará tal vínculo con él que, cuando se cruzan, se perdonan siempre la vida, aunque saben que están en bandos diferentes y que llegará el día en que uno tendrá que matar al otro.
Rebeca le confiesa a Jamal la existencia de los manuscritos y deciden salir de la ciudad para esconderlos en las cuevas que rodean Jerusalén, en el valle de Cedrón. Cuando salen, son capturados por los cristianos, entre los que se encuentra Ricardo, que reconoce a Rebeca y la protegerá mientras ésta es prisionera.
Firuz, en cambio, consigue escapar, pero volverá al campamento cristiano para salvar a Jamal y Rebeca. Ella prefiere quedarse, porque no puede huir sin los pergaminos.
Unos y otros lucharán por esos pergaminos, mientras los señores los buscan con ansia, porque saben que podrían destruir los fundamentos de la Iglesia cristiana.


Perdonadme todos. Toda esta historia ha sido una locura. Anselmo ha muerto porque se ha dado cuenta de que sólo con la muerte podía resolver su conflicto interior. Pero la causa primera de este conflicto ha sido mi egoísmo. He servido a una causa improbable, nebulosa, abstracta, con la soberbia de una mujer insatisfecha que se creía una agua estudiosa. Y lo he hecho en detrimento de seres humanos, personas de las que he aprendido a apreciar el coraje, y una lealtad que no era ni siquiera lícito pretender de un grupo de desconocidos. Ahora me avergüenzo de mí misma, porque sé que, en un mundo en el que la gente no tiene escrúpulos para usar los ideales para perseguir sus propios fines, existen individuos dispuestos a renunciar a sus propios ideales para ayudar a los otros. Personas de todo tipo de nacionalidad y fe religiosa, capaces de no dejarse influir por la común voluntad de estar por encima de nadie, sino de pensar y actuar de forma autónoma y coherente, no siempre por una ventaja personal, terrenal o ultraterrenal. Es más, a veces en contra de una ventaja personal propia… Te pido perdón. Tú, Anselmo, Ricardo, Emanuel, Jamal y Firuz sólo merecéis un enorme respeto, cualquiera que sea la motivación que os ha llevado a ayudarme”.

En el año 90 después de Cristo, el Templo de Jerusalén fue destruido definitivamente (el primer templo, levantado por el rey Salomón, es el que se describe en la Biblia; el segundo templo fue reconstruido por Herodes). En la ciudad se conservan los documentos escritos por Santiago, el hermano de Jesús y enemigo acérrimo de Pablo. Zoker se cuela en la ciudad en llamas para recuperar los pergaminos, pero morirá a manos de Pablo.

Una religión tiene que unir, no dividir. Una religión tiene que salvar, no condenar”.

La novela termina con los pergaminos en mano de la Iglesia cristiana y nunca salieron a la luz.

Jerusalén: Muro de las Lamentaciones

Es un libro que me ha gustado mucho, con el que he disfrutado, pese a que no soy amante de las descripciones de batallas, aquí considero que son lo suficientemente amenas como para engancharnos a una frugal lectura.
Una de las cosas más impactantes de este libro es que el autor no se limita a ponerse a favor de unos u otros, sino que se mantiene neutral y da todos los puntos de vista de las tres religiones monoteístas, que siempre han rivalizado entre ellas, añadiendo que Jerusalén no sólo es la Ciudad Santa de los cristianos, sino también para el Judaísmo y el Islam.

Esta noche se cena fuera

A estas horas debería estar en Logroño y, sin embargo, estoy en casa. Al final me he quedado. No sé si ha sido por falta de ganas, porque no dormiría en mi cama o porque me agobia salir en ciudades grandes (aunque Logroño no es que sea tan grande).
Fue idea mía. Celebrar una cena de 'solteros' en honor a San Ballantine's (aprovechando que el día 14 de febrero está a dos días). Después se decidió el lugar y se avisó a todos.
Lo que de verdad me gustaría hacer esta noche es echar una partida de dardos con un ángel, aunque me gane; me gustaría disfrutar de su presencia.
Y también me apetece tranquilidad, que posiblemente la tendré.

La noche del viernes

Lo mejor del viernes por la noche es no tener que madrugar el sábado. Lo peor es que debería haber salido, pues quizás no vea en todo el fin de semana a esa persona tan especial. Aunque estoy segura de que mañana me haré la remolona y me costará levantarme. Cualquier sábado por la mañana es fácil caer de nuevo en la somnolencia porque todos esos sábados sin obligaciones me imagino despertando al lado de un ángel. Y es... maravilloso, como poco.

viernes, febrero 11, 2011

Sencillamente perfecto

Esta mañana tenía prisa, pero esa urgencia no me ha robado ese instante de él. Perfecto. Mágico. Estaba guapísimo. Y me tenía que marchar. Pero el instante en que ha aparecido él, aunque fugaz, ha sido perfecto.

Algo sencillamente perfecto.

Las tres de la tarde

Es la hora de marchar.
Me alegra que la tarde del viernes esté soleada, porque impulsa a salir a la calle, a entrar en contacto con la naturaleza, a tomar una cerveza en la ermita, a pasear al perro...
Las tardes soleadas siempre me las imagino con él. En una siesta larguísima a su lado sobre un campo de césped, tocándole el pelo, mirándole a los ojos y perdiéndome en ellos, redescubriendo su sonrisa angelical, acariciándole el rostro, escuchando su voz...
Las tres de la tarde. Me voy a lavar el coche y a disfrutar de todas las horas soleadas que me quedan por delante. Mejores serían en la dulce compañía de un ángel.

Sin avisar

Las cosas buenas de la vida siempre aparecen sin avisar. Él apareció sin avisar y el simple hecho de verle, aunque sólo sean unos segundos al día, me embriaga. Es un cúmulo de sentimientos tan grande que mis brazos se quedan cortos para albergar todo, mi pecho se queda pequeño para alojar tanta intensidad, mis palabras se quedan a la mitad para describir tanto...

Estoy viviendo algo tan dulce como no había experimentado nunca.

Éste es el mejor momento para ir a disfrutar de los sueños en los que aparecerá, casi con toda seguridad, él...


"La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar". (Thomas Chalmers)

jueves, febrero 10, 2011

Algo bueno

Hoy he leído que todo el mundo se merece que le ocurra algo bueno en la vida. Si me pongo a pensar, podría asegurar que yo he tenido muchos buenos momentos en el pasado, pero también es cierto que, ahora, en el momento presente, estoy viviendo un momento único, un momento en que la alegría eclipsa a los instantes de tristeza.
Una de las mejores cosas que me ocurre cada día es cruzarme con esa persona. Una de las mejores cosas que me ha ocurrido en los últimos años ha sido conocer a ese ángel de mirada perfecta. Gracias a él, muchos días sonrío inesperadamente y gracias a él vivo todo más intensamente.

A veces me gustaría poder darle las gracias por hacer que todos los días tengan más color, por hacer que la vida tenga un poco más de magia. Es tan especial...

Al sol

Hoy es uno de esos días que, con el sol, apetece pasear. Pasear con él, claro, mirarle a los ojos y encontrar cosas tan hermosas que no tendría palabras. Cogerle de la mano y sentir esa suavidad al tacto.
Hoy he visto a la gente que va con él, pero él no estaba. Sigo echándole de menos.
Echo de menos todas las cosas buenas que emanan de él en el instante de magia.

Creo que me voy.

Describiendo lo indescriptible

"La gente se siente sola porque construye paredes en vez de puentes".

A propósito de la máxima que he escogido esta noche, tiene que ver con lo que hace unos minutos escribía sobre Rusia. Es fácil ponerse obstáculos, pero en la fortaleza de cada persona está sortearlos de una forma u otra.
Eso me recuerda a que si en vez de creer que existe un muro de cristal entre la persona a quien tanto quiero y yo, pensara que es un puente lo que tengo que cruzar es posible que ya le hubiera besado, aunque sólo fuera al dejarme llevar por el deseo de él. Quizás ese muro de cristal es el que, de alguna forma, me separa de él. Las paredes separan, los puentes unen. Y parece sencillo, porque le cubriría de besos, de caricias, de piropos y de risas, pero no. Tampoco podemos siempre hacer (ni decir) lo primero que nos viene a la cabeza, sino este mundo sería un mundo de locos.
A estas horas le echo en falta, porque un día sin él es un día más oscuro de lo habitual. Echo de menos todas esas cosas buenas que veo en su mirada otros días, echo de menos el fuerte golpeteo en mi pecho cuando él aparece, echo de menos esa dulzura que emana de él...

Es hora de dormir.

miércoles, febrero 09, 2011

Inquietudes

Nunca me ha preocupado el problema checheno, pero de un tiempo a esta parte me mantiene inquieta, y no sólo por los chechenos, porque el último atentado se ha atribuido a un grupo islámico del Cáucaso. Cuando las cosas ocurren lejos nos desentendemos un poco. Alguien me dijo una vez que las cosas siempre pasan cuando tienen que pasar. Me lo dijo un ángel y, por ser él quien me lo dijo, me reconfortan un poco sus palabras.
Pero el país de la Perestroika, de Gorbachov, Putin y Medvedev, de las purgas de los años 30, de la revolución bolchevique, de la KGB, de la perrita Laika, del transiberiano, de la Plaza Roja, del Palacio de Invierno, etc. me produce cierto desasosiego.
Rusia me atrae ahora más, si es posible esto. Yo creo que terminaré visitando ese país a finales de mayo, pero esto no quita para que me encuentre un poco intranquila.
Recuerdo cuando en un certamen de misses el embajador ruso le preguntó a una de las chicas qué sabía de su país. Tampoco es una pregunta tan complicada.
De todas formas y pese a las inquietudes, Rusia está cada vez más cerca.

Atentado en Moscú (enero 2011)

Las sombras de la noche

Estoy pensando en que es un buen momento para desconectar de todo y marchar a casa. Quizás el día haya sido demasiado largo. Lo que es cierto es que estoy pensando en alguien que siempre me aporta esa calma y tranquilidad que a veces necesitamos.
Daría un mundo por caminar ahora con él por la calle, cogidos de la mano, en medio del tenue silencio que describen unos pasos a la par.
Me pregunto dónde estará, aunque puedo imaginarlo. Es posible que salga y vea su coche.

¿Dónde están las emociones?

Después de una tarde en que no he tenido ni un minuto para respirar, me voy a regalar unos minutos de relax.
Hoy me faltan las emociones. A lo largo del día he tenido emociones, pero no tan intensas como cuando me cruzo con esa persona tan especial. Echo de menos sus ojos angelicales, su rostro adorable, la dulzura de su voz, esa sonrisa que tantas alegrías desata en mí cada vez.
Me gustaría quedar con él ahora y tomar algo, sólo para disfrutar del hecho de sentirme atrapada por su mirada, sólo por quedarme embelesada con sus palabras, con su sabiduría. Me gustaría preguntarle tantas cosas...
Existe la emoción cuando hablo de él, cuando siento que mi corazón se desborda de cariño al imaginarle cada vez, al redescubrirle cada minuto, al dedicarle unos instantes.

Y al poner el punto final de ese intento de describir emociones vuelvo a sonreír.

Las terrazas están llenas

Como el día acompaña, las terrazas de la plaza del kiosko de Ezcaray están llenas de gente al sol.
Ha venido mi hermano a verme, lo que es de agradecer. Aunque ya la gente me saluda por la calle o me preguntan...

Es otro día sin él, sin esa mirada perfecta, sin esa voz sensual, sin esa sonrisa misteriosa.

Es hora de coger el coche y marchar.

Tres, dos, uno...

Me voy a conceder unos minutos antes de dormir. Esos minutos en que el silencio te hace reflexionar sobre el día que acaba, sobre una persona única, sobre cada hora pasada o cada persona con la que has hablado.
Me quedo con el instante en que ha aparecido él y el reloj ha dejado de girar. Ese instante único, cargado de magia, de deseos de abrazarle, de besarle, de quererle, de susurrarle que estaba guapo...
Le diría tantas cosas y tantas cosas me guardo en el tintero...

Es hora de dormir, de ir a soñar con él.

martes, febrero 08, 2011

Cuando venía

Cuando venía he visto que él todavía seguía. En esos momentos mi imaginación vuela hasta donde está él para ir a tomar algo. Por unas cosas o por otras nunca voy a verle, aunque ganas no me faltan.
Me encantaría acariciarle, mimarle quizás, preguntarle cómo le ha ido el día y susurrarle lo guapo que está...

El olivo de noche

Al llegar a casa y después de haber metido el coche, suelo llamar al perro y venir al parque unos minutos, a respirar aire puro, a desconectar, a dedicar unos minutos a una persona muy especial. Adoro estos minutos de tranquilidad junto al solitario olivo.

BlackBerry de movistar, allí donde estés está tu oficin@

La torre exenta

Al atardecer, siempre miro hacia la torre de la catedral. Adoro la iluminación de esa torre cuyo perfil me parece insólito. No es baladí. Cualquiera que se ponga a dibujar los mil y un relieves que la decoran sabrá por qué lo digo. Y es que a mí me tocó dibujarla muchos años ha. Hice trampas, porque desde la calle era imposible dibujarla tal cual, me salía proporcionalmente más pequeña de lo que en realidad parecía y con una carencia sublime de detalles. Así que cogí una enciclopedia de La Rioja e hice borrón y cuenta nueva, más tranquila ya, cuando llegué a casa. Mi dibujo fue expuesto, como tantos otros de aquella época. Que yo dibujaba bien, pero no al aire libre, tenía que encontrarme relajada. Ahora, más bien al contrario, suelo dibujar edificios al aire libre, sobre todo cuando voy de viaje.
Esa torre, separada del conjunto catedralicio por una calle y por motivos arquitectónicos, se ve casi desde cualquier rincón de la ciudad. La veo cada día, la he llegado a dibujar, pero... nunca he subido arriba. Y, por supuesto, me gustaría subir con un ángel, para regalarle un beso en cada escalón. Si tiene entre doscientos y trescientos escalones, tales son los besos que le robaría.

Y ahora, al marchar, la dejaré atrás, pero sus luces anaranjadas seguirán refulgiendo a mis espaldas como si hicieran las funciones de un faro.