En verano muchos fueron los que me pidieron, a mi vuelta de la capital italiana, que contara cosas sobre aquel lugar. Varios meses después, cojo los fragmentos y las imágenes que recopilé en su momento.
Roma es una ciudad que enamora y, a la vez, decepciona. Cuando caminas por sus calles da la sensación de que respiras aires de hace siglos, da la impresión de que estás viviendo en otra época, da la sensación de un poder, ya obsoleto, que se refleja en cada piedra de sus monumentos, en cada fachada de sus viviendas, en cada adoquín de sus calles... Roma tiene un patrimonio inmenso, tanto que dudo que reciba tantas subvenciones para cuidar de tanto edificio antiguo. Dudo porque el estado en que se encuentran dichos edificios es deprimente y lastimoso. Los romanos no cuidan lo que tienen, y eso se hace evidente para el viajero que visita la ciudad, con la ilusión de encontrarse un Coliseo intacto y que realmente se cae a pedazos, un circo que es simplemente una inmensa explanada donde no hay nada que ver (¡ojo! el Circo Massimo viene anunciado en las guías como algo importante y cuando llegas te preguntas dónde diablos está ese circo tan importante), unos parques que parecen selvas, donde hay animales por todos los rincones, un Foro que está en mal estado, donde los capiteles se encuentran alineados por las sendas por las que pasas... Y realmente esto es lo que decepciona: el mal estado en que se encuentra todo, sobre todo si se añade el hecho de que las basuras se acumulen en las calles desprendiendo un fétido olor que impregna también las paredes de esos monumentos. Y es que en Roma no hay contenedores. De ahí que los restaurantes a la hora de comer sean detectados antes por el olfato que por la vista. Otra cuestión que no es muy positiva es que apenas hay semáforos. Muchas veces temí ser atropellada en las calles italianas. Sí que hay pasos de cebra, pero allí -cosa extraña- los automóviles tienen preferencia a los peatones. Así cruzaba yo un paso de peatones (sin semáforo) hacia la Piazza della Repubblica, cuando un coche casi me lleva por delante. Y mientras cruzaba la calle el conductor pitándome (a saber la sarta de improperios que me soltó en italiano y no entendí).
A pesar de todas estas cosas, que no ponen a Roma en muy buen lugar, la ciudad está dotada de un encanto especial. Su gente es acogedora, son buenos anfitriones, te hablan por donde quieras que vayas, tienen una gran simpatía y les encanta ver la ciudad llena de turistas. En cierto modo, los italianos son zalameros, y sobre todo risueños. Y conocer un país no es sólo conocer sus monumentos ni su historia, sino conocer su gente, sus tradiciones, entrar a formar parte, durante unos días, de ese otro mundo, mezclarse con ese entorno al que no perteneces y pasar inadvertida, mientras saboreas con los ojos todo aquello que te rodea, mientras asumes y guardas para ti esas pequeñas curiosidades que te harán recordar ese viaje y mientras recoges en tu mente todas esas experiencias que ocurrieron allá.
Hay una parte de la ciudad de la que es mejor hacer un inciso aparte: la Ciudad del Vaticano. Entrar en la sede de la Iglesia Católica Apostólica supone un cambio respecto a la otra ciudad que es Roma. La inmensa plaza oval de Sant Pietro está llena de Carabinieri (policía italiana), es una plaza que no puede ni compararse con el resto de plazas de Roma. Allí todo destila belleza y limpieza. Allí no verás basura acumulada, lo que realmente se acumula es gente, gente de todo el mundo, gente de todas las razas, clérigos y laicos. El Vaticano es, sin duda, la parte de Roma que más valor tiene, y no me refiero al valor religioso que le da la gran mayoría, sino el inmenso valor económico, el amplísimo patrimonio que tiene tras sus muros. Ya sorprende por ejemplo encontrar allí esculturas que imaginabas que eran propiedad del Estado italiano, esas esculturas que estudié una vez en Historia del Arte, véase: "El Laocoonte y sus hijos devorados por serpientes". ¿Quién iba a imaginar que la célebre e impresionante escultura se iba a encontrar en los museos pontificios? Así era. Las propiedades de los curas son tan vastas como incalculables.
Así que Roma, en definitiva, es un mundo de contrastes: lo que fue y lo que es, Roma como ciudad y el Vaticano como poder eclesiástico sobre gran parte del mundo, los restos de aquel Imperio que dominó el mundo y la ciudad que lucha en las sombras por lo que no volverá a tener, la pobreza mendicante que rodea las calles romanas y la riqueza que se respira en San Pedro, el Tíber rodeado de las inmensas cúpulas que rayan el horizonte al atardecer...
Roma es una ciudad que enamora y, a la vez, decepciona. Cuando caminas por sus calles da la sensación de que respiras aires de hace siglos, da la impresión de que estás viviendo en otra época, da la sensación de un poder, ya obsoleto, que se refleja en cada piedra de sus monumentos, en cada fachada de sus viviendas, en cada adoquín de sus calles... Roma tiene un patrimonio inmenso, tanto que dudo que reciba tantas subvenciones para cuidar de tanto edificio antiguo. Dudo porque el estado en que se encuentran dichos edificios es deprimente y lastimoso. Los romanos no cuidan lo que tienen, y eso se hace evidente para el viajero que visita la ciudad, con la ilusión de encontrarse un Coliseo intacto y que realmente se cae a pedazos, un circo que es simplemente una inmensa explanada donde no hay nada que ver (¡ojo! el Circo Massimo viene anunciado en las guías como algo importante y cuando llegas te preguntas dónde diablos está ese circo tan importante), unos parques que parecen selvas, donde hay animales por todos los rincones, un Foro que está en mal estado, donde los capiteles se encuentran alineados por las sendas por las que pasas... Y realmente esto es lo que decepciona: el mal estado en que se encuentra todo, sobre todo si se añade el hecho de que las basuras se acumulen en las calles desprendiendo un fétido olor que impregna también las paredes de esos monumentos. Y es que en Roma no hay contenedores. De ahí que los restaurantes a la hora de comer sean detectados antes por el olfato que por la vista. Otra cuestión que no es muy positiva es que apenas hay semáforos. Muchas veces temí ser atropellada en las calles italianas. Sí que hay pasos de cebra, pero allí -cosa extraña- los automóviles tienen preferencia a los peatones. Así cruzaba yo un paso de peatones (sin semáforo) hacia la Piazza della Repubblica, cuando un coche casi me lleva por delante. Y mientras cruzaba la calle el conductor pitándome (a saber la sarta de improperios que me soltó en italiano y no entendí).
A pesar de todas estas cosas, que no ponen a Roma en muy buen lugar, la ciudad está dotada de un encanto especial. Su gente es acogedora, son buenos anfitriones, te hablan por donde quieras que vayas, tienen una gran simpatía y les encanta ver la ciudad llena de turistas. En cierto modo, los italianos son zalameros, y sobre todo risueños. Y conocer un país no es sólo conocer sus monumentos ni su historia, sino conocer su gente, sus tradiciones, entrar a formar parte, durante unos días, de ese otro mundo, mezclarse con ese entorno al que no perteneces y pasar inadvertida, mientras saboreas con los ojos todo aquello que te rodea, mientras asumes y guardas para ti esas pequeñas curiosidades que te harán recordar ese viaje y mientras recoges en tu mente todas esas experiencias que ocurrieron allá.
Hay una parte de la ciudad de la que es mejor hacer un inciso aparte: la Ciudad del Vaticano. Entrar en la sede de la Iglesia Católica Apostólica supone un cambio respecto a la otra ciudad que es Roma. La inmensa plaza oval de Sant Pietro está llena de Carabinieri (policía italiana), es una plaza que no puede ni compararse con el resto de plazas de Roma. Allí todo destila belleza y limpieza. Allí no verás basura acumulada, lo que realmente se acumula es gente, gente de todo el mundo, gente de todas las razas, clérigos y laicos. El Vaticano es, sin duda, la parte de Roma que más valor tiene, y no me refiero al valor religioso que le da la gran mayoría, sino el inmenso valor económico, el amplísimo patrimonio que tiene tras sus muros. Ya sorprende por ejemplo encontrar allí esculturas que imaginabas que eran propiedad del Estado italiano, esas esculturas que estudié una vez en Historia del Arte, véase: "El Laocoonte y sus hijos devorados por serpientes". ¿Quién iba a imaginar que la célebre e impresionante escultura se iba a encontrar en los museos pontificios? Así era. Las propiedades de los curas son tan vastas como incalculables.
Así que Roma, en definitiva, es un mundo de contrastes: lo que fue y lo que es, Roma como ciudad y el Vaticano como poder eclesiástico sobre gran parte del mundo, los restos de aquel Imperio que dominó el mundo y la ciudad que lucha en las sombras por lo que no volverá a tener, la pobreza mendicante que rodea las calles romanas y la riqueza que se respira en San Pedro, el Tíber rodeado de las inmensas cúpulas que rayan el horizonte al atardecer...
El viaje
No sé a qué hora llegué al aeropuerto de Barajas, comí frente a los monitores donde te informaban de la puerta y hora de embarque. Estaba ya en la zona vip, había pasado la policía que por una vez no me pitó (El cinturón y los zapatos me suelen pitar siempre).La primera foto es del hall, antes de abandonar la maleta.


La puerta de embarque para Roma-Fiumicino. Fiumicino es una terminal del aeropuerto Leonardo da Vinci. Está a media hora del centro de Roma en tren, en el oeste, junto al mar. Al aterrizar no lo vi porque no estaba junto a la ventana (se me olvidó pedirla). Pero al despegar se ve la costa italiana... Es precioso. Ese mar Tirreno...
Esta es la estación de tren de Termini, en el centro de Roma y a 10 minutos de mi hotel. Hay dos personas señaladas. Y como se puede observar la gente está mirando y riéndose. El que está detrás, de pantalones amarillos, debía estar loco y se puso a perseguir al otro, éste se reía de él y no paraba de dar vueltas. Era un show.
Esta es la parte superior de la entrada a la estación de tren más importante de Roma, mientras debajo la gente se reía de un pobre loco que no sabía lo que decía ni lo que estaba haciendo.
Tras dar mi nombre en el hotel, dejar las maletas, ducharme y prepararme, en tiempo récord estaba de nuevo en la calle. Pasaba en las inmediaciones, buscando el metro más cercano, que estaba en línea recta, por la Via Cernaia.
Ese edificio es Santa Maria degli Angeli. Un monumento que tenía excavaciones.
La Via Cernaia era bastante larga, y por la noche daba algo de miedo. Cuando volvía la primera noche, después de cenar, andando (sobre las 11), dos coches me empezaron a hacer señas, no iban juntos, me hice la loca, pero tenía que cruzar la calle y uno de los coches paró justo al lado del paso de cebra. Cuando iba a cruzar, me decía algo y le salté en mi castellano más castizo: Lárgate, anda y le hice gestos con una mano, sin mirarle, como diciendo: Fuera, fuera. Al lado había una parada de autobús con gente, así que tampoco tenía tanto miedo. Pero algo sí que pasé. En Italia... una chica sola... pufff El tío se largó, claro.Piazza della Repubblica

Era una semicircunferencia partida en dos por una calle. Allí tenía el metro más cercano, pero de poco me serviría porque lo cerraban a las 9 de la noche. Además sólo había dos líneas. Y después de lo de los coches que me invitaban a subir en primer día opté por coger los autobuses, que me dejaban casi al final de la Via Cernaia.
El metro por dentro. Aparte de cutre, las escaleras están súper empinadas. Yo no podía mirar para abajo, por algo tengo vértigo.
Piazza di Spagna

Había carruajes en casi todos los sitios turísticos, que te enseñaban la ciudad. Me recordó a los que hay en el parque María Luisa de Sevilla. Junto a los carruajes había personajes vestidos de centuriones romanos. En el Coliseo llegaban a más porque los había disfrazados también de gladiadores.


Estos edificios y estas palmeras están junto a los escalones.

Esto es en el otro lado de las escaleras. Como puede apreciarse hay mucha gente, casi todos turistas.

La fuente que está justo debajo.
Roma está llena de fuentes de todos los tipos y en todos los rincones. A cada pocos pasos tienes un chorro de agua potable. Y es algo normal, que hace mucho calor. Deberíamos tener más fuentes en España, no sólo de decoración, sino también para beber.
Aquí ya iba subiendo. Luego se ve una foto de las famosas escaleras desde abajo.
Hay una persona señalada, mira para arriba. Después de hacer esta foto, se levantó y empezó a seguirme. Miraba para atrás y le veía detrás. Creo que me perseguía, aunque no estoy tan segura. Estaba a una distancia prudencial. El caso es que yo subí las escaleras por su lado y me dijo algo, le miré y pasé, y siguió hablándome, pero yo seguí a lo mío, es que soy muy borde con los desconocidos, ni contesto ni nada.

Esto es desde arriba ya. Hice la foto, miré para un lado y el negro detrás.
Después bajé rapidísimamente y me fui al metro directa para ir hasta la Fontana di Trevi. Allí perdí de vista al negro y ¡menos mal!
Vale, falta la foto de las escaleras de la Piazza de Spagna, pero sale más adelante.
La boca de metro de Spagna.Podría haber ido andando, pero quería perder de vista a mi perseguidor.
El caso es que Roma te lo puedes recorrer andando sin mucho esfuerzo. Todos los restos de arte, monumentos, etc. están juntos, en el centro. Así que me di mis paseos.
Sólo vi un museo. Allí casi todo lo tienes al alcance de la mano, a pesar de algunas filas horrorosas.
Fontana di Trevi y alrededores
Todas las fachadas de los edificios están policromadas, y sino tienen alguna escultura, o vírgenes... Además caminabas y sólo veías banderas italianas colgando de los balcones, los restos de la euforia futbolera italiana en el Mundial.
Este tipo de fachadas me recuerdan algo a Lisboa. Para mí Roma es una mezcla entre Madrid y Lisboa, los portugueses peor, claro, pero los españoles mucho mejor. Roma es señorial, pero son los restos de una vieja gloria, que deberían restaurar, son los resquicios de un pasado legendario de lo que fue en cierta época. Los italianos son descuidados, desordenados, dejados...Con el patrimonio que tiene es una pena que lo conserven así de mal. No estuve por la noche en el Coliseo, pero me imagino las bolsas de basura al lado y me da penilla.
Este edificio está ya frente a la Fontana di Trevi. Justo debajo había mimos. Todos los mimos que vi eran iguales. Iban de blanco, con una sábana y una corona, imitando a los grandes dioses romanos.
Sin palabras... Es preciosa. Anochecía entonces, y estaba llena de gente, aunque llegué al borde del agua. Me hubiera gustado verla de día, pero creo que no era mal momento aquel en el que estuve, y después no tuve tiempo de volver. Te ofrecían flores, y todo el mundo tiraba su moneda.
El agua es clarísima y se ven las monedas en el fondo. ¿No era Dan Brown el que habla de dónde van las monedas de esta fuente?Si mal no recuerdo era en Ángeles y Demonios, que transcurre en Roma.

Mi primera cena en Roma, en las inmediaciones de la Fontana di Trevi. Cené lasaña y ahí es donde me puse a escribir postales bajo los efluvios del Lambrusco.


Lasaña, lambrusco y tiramisú. Este postre en cada sitio te lo ponen de una manera y con mil motivos decorativos diferentes.En esta terraza me pasó una cosa curiosa a la hora de pedir la cuenta. Mis conceptos de italiano son bastante nulos en lo que respecta a una conversación fluida, aunque yo lo intentaba, y entendía perfectamente, y como la mejor manera de integrarse es hablando el idioma, le dije al camarero cuando me miraba: Le conto, per cortesia. Empezó a reírse y se me acercó sonriéndome y haciendo gestos, era para regañarme pero en buen plan: Il conto, il conto. Mi fallo fue poner el artículo masculino francés, y no el italiano.
La Piazza della Repubblica de noche. Es preciosa. Hasta aquí fui acompañada. Yo me iba a coger un urbano cuando delante de mí veo un grupo de chicos y chicas. Uno de los tíos llevaba una camiseta del Barça y le dije un "Visca Barça". El caso es que se dieron la vuelta y me preguntaron si era española y yo: Sí, española y del Barça. Me puse a hablar con ellos y en Repubblica nos despedimos. Eran casi todos de México, majísimos.
Via Cernaia, uno de los pocos semáforos que vi, cuando ya había pasado el miedo de los coches que se me paraban al lado y caminando a toda hostia para llegar cuanto antes al hotel. AVANTI!

El cartel del hotel. Hacía esquina. Realmente molaba.
2º día
Nada más levantarme me cogí un autobús a Sant Pietro.Esta es la parada del autobús. Creo que eran sobre las 9,30 de la mañana.
En el Vaticano hay carteles señalando cómo debes ir vestido. Nada de pantalón/falda por encima de las rodillas, y nada de tirantes ni escotes. Todas mis camisetas ¡¡eran de tirantes!! Lo pensé antes de salir pero decidí arriesgarme. Por supuesto que entré. Esto es para contarlo, poner una foto mía de aquel día en el Vaticano y decir: Así entré en la basílica, a pesar de la normativa de la ropa.
Hay que echar cara a todo. Si no me hubieran dejado me hubiera acercado a un puesto cercano a comprarme algo para ponerme encima. Y vendían pañuelos para ponerse por los hombros, pero eran horrososos y tenía claro que pasaba de gastarme unos euros por un pañuelo que ni siquiera mi abuela se pondría.
Es impresionante. Todo el arte que tiene el Vaticano, un valor incalculable, la Iglesia tiene dinero por todos los lados. Yo me quedé impresionada. Y realmente lo que más vale de Roma, aunque me pese admitirlo, es el Vaticano. Además es lo que más cuidado está; estos curas...
La plaza ovalada que forma parte de otra plaza más grande, alargada. El Vaticano se construyó sobre un circo romano y sigue la misma dirección. Quizás debiera hacer una foto al libro, impreso por la Editorial Vaticana, que me compré allí. También tienen oficina de Correos.

El obelisco del centro.

La fachada que tantas veces hemos visto por la tele... en cuyos balcones aparece el Papa de vez en cuando a decir su universal: Orbi et orbe...
También tenía fuentes, a cada lado del obelisco.Hay muchísima gente. La fila para entrar en la basílica era inmensa, aunque cuando me fui era más larga todavía. Tienen controles como en los aeropuertos para entrar dentro.

La guardia suiza del Vaticano... parece sacada de un circo...

Las esculturas de la parte superior de la fachada principal... Impresionantes.

La plaza de San Pedro desde la puerta principal.
Los techos...

La cripta con tumbas...
La tumba de Juan Pablo II.Me tuve que arrodillar después de hacer la foto porque el guarda que estaba al lado me miraba mal, o quizás me miraba mal por mi vestimenta... preguntándose quizás cómo me habían dejado entrar así.
No exagero cuando digo que había gente casi desmayada en las inmediaciones de la losa donde yacen los restos del anterior Papa, mucha gente llorando y mi paso por allí fue terrible, en el sentido de que no me gustó ver a tantos religiosos rezando por el alma del pontífice fallecido, como si con esos rezos pudiera volver.

De nuevo la guardia suiza, aquí más de cerca porque pasábamos a su lado, aunque no nos podíamos acercar.
Para ir a los Museos Vaticanos, que era lo que a mí me interesaba, tenías que dar la vuelta al edificio. Es la fila más larga que pillé. A pleno sol, los negratas vendían bolsos de pega imitando grandes marcas, pañoletas para taparse los hombros, estaban los de Seguridad de Roma y desde una furgoneta repartían agua gratis, supongo que para asegurarse de que nadie se deshidratara bajo el sol. Cuando das la vuelta al Vaticano y ves que ¡¡es una fortaleza!! te quedas loco.

El muro exterior de Sant Pietro, junto al cual iba la fila de gente para entrar en los Museos Vaticanos.

La puerta del Papa, inmensa...

La salida del Museo. Cuando estaba junto a la puerta escucho detrás de mí en castellano: Pues a esta chica no la van a dejar entrar por los tirantes. Me di la vuelta y me lo repitieron. Y yo: Ah, pues en la basílica sí que me han dejado entrar. Eran de Valladolid. Había mucho español. También aquí entré en tirantes, pero aquellas señoras estaban seguras de que me pararían en la puerta, donde también había un cartel con la indumentaria que se debía llevar encima.
Aquí es cuando te quedas como loca. Techos, cuadros, esculturas, jarrones... Todo impresionante.


Este es un jardín, llamado "de la piña", aunque la piña no estaba. La bola que hay en el centro es un globo terráqueo formado por dos círculos concéntricos.


Otra de las fuentes de ese jardín. El agua es así de clara en todas las fuentes de la ciudad.

El Vaticano está lleno de galerías inmensamente largas, no se ve el final. Y todo es arte por los cuatro costados.


Vistas de Roma desde el Vaticano.


Estatua de Apoximenos.
Un claustro lleno de escultura... Ahí están muchas de las estatuas que yo estudié en Historia del Arte y que imaginaba que serían propiedad estatal de Italia, no que estaban en el Vaticano.
Si no me equivoco mucho y por lo que lleva en la mano, debe ser Perseo con la cabeza de la Medusa.

Ésta ni idea, un dios posiblemente (castrado).

Tampoco lo sé, aunque me da que es uno de los continentes.

¡Eureka! El "Laocoonte" ¡propiedad de los curas! Increíble. Pensaba que era una escultura más grande de lo que es, sí, es grande, pero yo me la imaginaba mucho más gigante. Que vi esculturas titánicas al lado de esta. Es impresionante verlo en directo.

Tampoco sé quién es.
No hice fotos a todas las esculturas ni a todos los cuadros, sólo de los que me llamaban la atención. Sino sería la historia de nunca acabar.


Esto es una copia a lo bestia del interior del Panteón. Hasta la cúpula es parecida.


Las estatuas de esta sala eran gigantes. Dos metros mínimo sobre un pedestal de otros dos metros.Más salas...


Todo el suelo estaba decorado con mosaicos y teselas, pero muchos no se podían pisar.

No sé por qué hice una foto a esta diosa de ¿la fertilidad, la maternidad? Hay que fijarse en la cantidad de pechos que tiene. Lo que no entiendo es cómo los curas no se los han tapado.
La sala de los mapas... No se ve el final. Policromada con pinturas varias y doradas, es inmensamente larga. En sus paredes sólo hay pinturas de mapas...







Y cruzando salas y más salas... llegamos al momento más esperado de todos...
¡TACHAN! La Capilla Sixtina. Prohibido hacer fotos y tal. Pero como es Italia y las normas se las saltan a la torera... todo el mundo hacía lo que le salía de la manga. Sí, yo también hice fotos.





Nos dirigimos a la salida. También hay restaurante, pero prefería comer fuera. Me cansé de tanto arte... Visto mi objetivo, la obra pictórica magna de Miguel Ángel, sólo quería salir de allí.

Ésta es la escalera de bronce que te conduce hasta la salida.

El muro del Vaticano. Así se veía desde la terraza desde donde comí un revuelto de pasta de cuyo nombre no me acuerdo. El caso es que quería sacar a los negros de los bolsos levantando el campamento cada vez que aparecía un coche de los Carabinieri, pero sólo saqué el coche de los polis.
Y la comida, acompañada con agua, que tenía mucha sed debido al horrible calor de la capital italiana.


El Vaticano no es sólo San Pedro, sino también los alrededores, en cuyas tiendas te podías encontrar estas perlitas:



La Ciudad del Vaticano fue una ciudad fortificada, de cuya muralla aún quedan restos.




Las calles son turísticas 100%. En esa última se ve un buzón y un estanco.
Desde todos los sitios se ve la cúpula del Vaticano, mira que hay cúpulas en Roma, pero esa se ve desde todos los lados.


Y de repente aparece el castillo de Sant´Angelo, también propiedad de la Iglesia.


Es precioso.El puente de Sant´Angelo y el Tíber...


Y el castillo:


Las vistas desde el castillo:



Estos son los edificios anexos a Sant Pietro.
El interior del castillo de Sant´Angelo.

En el castillo está prohibido hacer fotos, aunque aquí hay una persona que "no entendía los carteles en italiano".
Había armas de guerra, como catapultas.

Había capillas antiquísimas.

Ésta es la escalera de salida.
Más partes del castillo...

... y los cañones...



Es curioso cómo contrasta toda esta maquinaria bélica con las palabras de paz que anuncia el Santo Pontífice, sobre todo teniendo en cuenta que el castillo también es propiedad del Vaticano.
Ya fuera del castillo, y antes de cruzar el puente de Sant´Angelo me encontré con esta panorámica de la playa del Tíber. Con el calor que hacía ganas daban de bajar y refrescarse abajo, pero me quedaba mucho por ver.El puente es precioso:




Caminando por Roma en busca de una plaza...
Cada rincón tiene su historia, todas las piedras la cuentan...
Callejuelas estrechas y banderas de Italia por todos los lados...


Edificios que llaman la atención por sus motivos artísticos, edificios que no tienen por qué ser oficiales ni están abiertos al público.
Piazza Navona


Esta plaza me recuerda a una plaza de Munich, también de forma ovalada, en cuyos laterales había terrazas y tiendas de recuerdos.Los alrededores de esta plaza estaban totalmente volcados al turismo.







Algo típico... en las gelaterias no sólo vendían helados, sino también recipientes de plástico llenos de melón y sandía, y para refrescar venían bien, a pesar de las pepitas... No pude con todo.
El Panteón. Me encantó este edificio.


El pórtico.
El interior.




El frontispicio.Me senté en las escaleras del obelisco de enfrente y me puse a dibujarlo en mi cuaderno de viaje. Unos niños españoles al lado me miraban con curiosidad.

Esto me lo encontré por la calle. Es sorprendente que cada pared, cada muro, cada rincón es arte.
El templo de Adriano


La Piazza Colonna y una columna copia de otra más antigua (la columna trajana), que luego sale por ahí:


Y justo cuando pasaba junto al Palazzo Montecitorio, que estaba con andamios, por lo que no se veía la fachada, me encuentro con un Guernika, que me llamó la atención. Siempre nos fijamos más en las cosas que nos resultan conocidas o más cercanas. Este Guernika estaba hecho de teselas, como si de un mosaico se tratara.

Y caminando llegué, casi sin darme cuenta, a la Piazza Barberini, donde había metro.


Cuando llegué al Coliseo (Colosseo) me impresionó. Siempre lo vemos en los libros y no parece tan grande como realmente es. De verdad que me lo imaginaba más chico. Salir del metro y ver ese edificio que ha soportado el paso de los años... tan inmenso...Así es tal y como se ve desde que sales del metro. Hay de más de gente.

Si miramos a mano derecha se ve una parte del Foro.

Y en el centro, entre el Coliseo (a la izquierda) y el Foro (a la derecha) se vislumbra la parte de arriba del Arco di Constantino; es el más grande de los que vi, pues luego se ven otros arcos, pero son más pequeños.

El Coliseo es un anfiteatro. Un teatro y un anfiteatro se diferencian en la forma, en el anfiteatro ovalada o circular, en el teatro semicircular.
Aquí está de más cerca. Los italianos lo podrían conservar mejor. Hay partes que están movidas o casi caídas.Aquí es donde empezaba la fila cuando yo llegué. Estoy segura de que cuando salí era aún más larga. Hasta que entré rodeé la mitad del Coliseo. No me gusta esperar filas, pero ésta y la del Vaticano merecían la pena.
A pesar de estar al aire libre no se puede fumar dentro. Las huellas del tiempo se ven perfectamente entre sus piedras. Del suelo de la "arena" no queda nada, hay una parte con un tablado para enseñar a la gente cómo debía ir. Lo que se ve en el centro es donde estaban las jaulas y los gladiadores.
Las gradas ya no hacen escalones, sino que corren rectas hacia abajo.
El centro del Coliseo:

Vistas desde el Coliseo.

El Arco de Constantino que se ve a mano izquierda, y más al fondo, en dirección al Foro, el Arco de Tito, diminuto, en comparación con el otro.

Eso forma parte del Foro, pero es de un Foro posterior, ampliado el que todos conocemos como Foro Romano. Ese que se ve es el llamado Foro Imperial.
Recordando aquellas clases de Historia Universal... Tras la creación de Roma, los romanos pasaron por varios tipos de política. Primero fue monarquía, después república, y tras la expansión por el continente y por África (después de Aníbal "el Cartaginés") se convirtió en el Imperio Romano, que tras los excesos de la buena vida terminó decayendo lentamente.
Pues el foro comienza a construirse en la época de la República y se extiende durante el Imperio, de ahí que en el Foro Romano se distingan las diferentes etapas de su construcción. Esa vista que se ve es de la última etapa política de Roma.
Una parte de la Domus Aurea:
Todo el espacio comprendido entre el Coliseo y esto, traducido del latín "casa dorada", era antes del famoso incendio de Roma por aquel loco de nombre Nerón, un palacio perteneciente este botarate (ya lo decía Obélix: Están locos estos romanos). El Coliseo lo mandó construir Vespasiano tras el incendio sobre las ruinas del palacio de Nerón en el siglo I.
Me senté en una cafetería a tomar un capucchino y agua, que ese día hacía de más de calor. Tanto... que esa tarde en el Foro me cogió el sol, porque por la noche en el hotel tenía los hombros rojos.
Esta parte del Coliseo es la que quedará grabada en mi "cuaderno de viajes" para la posteridad. Mientras tomaba el café dibujaba. No me salió mal.
Cuando me levanté, me hizo gracia este coche. Es como si viene un "guiri" a Madrid y ve un 600, pues más o menos en ese plan.

Arco di Constantino
Toda Roma -al menos el centro- está empedrada con adoquines, pero en esta parte el suelo estaba formado por piedras enormes.Los romanos sabían lo que hacían, y si yo les admiro por algo es por lo magníficos arquitectos que eran, y no sólo respecto a construcciones, comunicaciones... sino por el hecho de ser capaces de construir canales para llevar agua de un sitio a otro, acueductos, etc.
Este camino lleva al Foro Romano, que comienza justo en el Arco di Tito, ubicado al final. De las siete colinas de Roma yo estuve en unas cuantas, aunque no en todas. La colina donde se encuentra el Foro es el Palatino, aunque no subí a lo más alto hasta la tarde.Foro Romano, todavía se aprecian varios templos.
















He ido subiendo, hasta terminar de ver el Foro desde arriba.
Desde la foto del arco, donde comienza el Foro, esa colina que va subiendo es el Palatino. La colina donde me encuentro en la última foto es el Capitolino.
El Capitolino está formado por un Museo (al que no entré) y por el Campidoglio, que es un edificio inmenso, con fuentes de dioses gigantes donde venía bien refrescarse después de la caminata al sol.
Pero antes de llegar a la plaza del Campidoglio me encontré con esto. La figura original, más grande y sin estar expuesta a las inclemencias del tiempo, se encuentra en este museo del Capitolino, donde no entré.La imagen no necesita mucha explicación porque todo el mundo sabe que Rómulo y Remo, fundadores de Roma, fueron amamantados por una loba cuando eran pequeños.

El Campidoglio: la fachada.

La plaza del Campidoglio.

El pie enorme de uno de los dioses apostados en la fuente, junto al que yo me había sentado (uno de los pocos lugares con sombra en esos momentos).

Tras un pequeño descanso a la sombra y tras haberme refrescado en esa fuente (que no era de agua potable), decidí bajar del Capitolino, pensando que ya no tendría que subir más escaleras en todo el día... ¡Ilusa de mí! Si Roma sólo tiene cuestas y colinas.
En imágenes anteriores se veía un edificio de mármol blanco que surcaba el cielo. Desde aquí también se veía.Bajando ya del Capitolino, el edificio de mármol blanco me llamaba la atención, aunque no me apeteciera mucho subir escaleras bajo ese sol inmenso (tampoco me imaginaba que habría de ser tan horrible el ascenso). El mármol llama la atención y a los romanos les sale barato el mármol porque tienen cerca las minas de Carrara, de las cuales los clásicos supieron abastecerse y aprovecharse muy bien.
Piazza Venezia

El edificio que se ve ahí es el Palazzo Venezia.

La famosa Colonna Traiana (columna de Trajano).
El edificio de mármol es el Monumento a Vittorio Emanuele II.

Guardado por policías y con una llama eterna a cada lado, subía las escaleras justo a la una del mediodía, en el momento en que hicieron el cambio de guardia.La verdad es que no me llaman mucho la atención los cambios de guardia. Cuando vas a cualquier ciudad la gente se emociona viéndolo. A mí es algo que me atrae poco o nada.

Una llama que nunca se apaga.

No te podías sentar en las escaleras. Enseguida venían los Carabinieri, que rondaban por allá, y te levantaban. Yo no me senté, pero unos japoneses a mi lado sí, y les levantaron.

El monumento no tiene mucho que ver, es simplemente el monumento en sí, una obra de arte magnífica que surca el cielo romano.

Las vistas desde allí son impresionantes.
Es un edificio oficial y a la columnata de arriba no se podía subir.


Cuando ya bajé busqué un lugar para comer y qué mejor que rodeada de tanta piedra...Esta vez no se me olvidó apuntar el nombre del plato, que no necesita ni siquiera traducción: Tagliatelle ai Funghi Porcini.
La lechuga se quedó. Me gusta la lechuga, pero no las hojas de fuera. Y esas eran las más verdes. A mí me gustan las hojas del corazón de la lechuga.
Teatro MarcelloYo pensaba que se trataría del Circo Massimo, pero no, miré el mapa y el Circo que quería ver no era éste. Hay una parte de la fachada del Teatro Marcello que está restaurada y contrasta con la antigüedad de su alrededor.
Aquí no se podía entrar, pero podías caminar entre sus piedras. Todos los edificios que estaban alrededor del Teatro Marcello formaban parte del mercado romano.





Esto son unas termas, fácilmente reconocibles.Lo que está claro es que los romanos construían todos los edificios importantes juntos. No hay que olvidar que en esta zona me queda el Foro a un lado, el mercado a otro y que todavía quedan más edificios por ver. Están todos juntos y se pueden recorrer andando.
Por aquí me dedicaba a buscar el Circo Massimo (que no debía estar lejos) y me perdí entre tanto monumento, pero encontré cosillas preciosas. No es de extrañar que me perdiera buscando el susodicho Circo, pues cuando estás delante te cuesta comprender que es eso mismo lo que estás buscando.Esta foto es la colina del Aventino.
Otros monumentos que me encontré en esta pequeña pérdida y que no sé el nombre.



Templo de Portuno

Templo de Hércules Vencedor

Arco di Giano

Y por fin encontré el Circo Massimo.
¿Es normal, una explanada sin nada, que venga en las guías como si fuera algo tan importante?

Al final se veía esto.
Y volví de nuevo al Palatino, que queda justo encima del Foro Romano. La entrada del Coliseo me servía aquí también.


Las vistas eran preciosas.










El calor era inmenso, pero había fuentes, como en toda Roma, de agua potable.

Desde el Palatino se ve el Foro, que por la mañana había recorrido.
El Arco di Tito y el Colosseo desde el Palatino.

El Foro Romano y la Iglesia de Santa Francesca Romana.

La torre del Campidoglio y el Monumento a Vittorio Emanuele II desde el Palatino.

Y de repente, en lo que creía que eran unos servicios habilitados allí en medio, me encontré con esto.
Era precioso.

Ya de vuelta, pasado el Arco di Tito en dirección al Colosseo, a mano izquierda quedaba el Foro Imperial.

Me despedí del Coliseo con fotos.

Los puestos que había al lado del metro. Me hacían gracia; vendían Coliseos en miniatura y disfraces de gladiadores. Uno de esos Coliseos en miniatura ocupa un lugar preferente en el salón de mi casa.

Cogí el metro y me fui a la Piazza del Popolo. El obelisco estaba en obras.

Estas escaleras estaban en un lateral de la Piazza del Popolo.

No subí, no, estaba algo harta de subir y bajar tanto escaleras como cuestas.
De todas formas, la Piazza del Popolo, perteneciente ya a otra época, me gustó bastante.



Desde allí comencé a caminar, y pasé por otros edificios algo menos interesantes, como el Mausoleo Augusto, que ya había cerrado.

La tienda Ferrari, a la que no quise entrar porque me terminaría gastando una pasta.

Y en esa misma calle, ante mis ojos apareció de nuevo la Piazza di Spagna.
Allí me cogí el metro hasta Repubblica porque quería ir hasta Santa Maria Maggiore, la catedral de Roma, que sabía que estaría cerrada, pero al menos para verla por fuera.
Desde Repubblica hasta la catedral tenía que ir andando y de repente apareció ante mí este edificio. No lo reconocía, había estado antes ahí, pero desde esa perspectiva no lo conocí al principio. Es la estación de Termini.
Si Alemania me llamaba la atención por la cantidad de bicicletas amontonadas en las calles y plazas, Roma llama la atención por la cantidad de motos.

Y carteles donde compran oro. Me hacía gracia verlo.

La plaza de Santa Maria Maggiore.

Y la catedral por detrás. Ya no tenía ni fuerzas para dar la vuelta y ver la fachada. Estaba demasiado cansada.

Termini por dentro.
Último día. Mi intención era ir a la Via Appia Antica y ver las catacumbas, y en el metro vi que la anunciaban. Craso error. El metro me llevó a una especie de suburbios.
El Parco della Via Appia Antica





¿Cómo es posible que en medio de Roma tengan un parque tan mal conservado como éste, con cuatro pedruscos, y un circo como el de arriba, sin nada que ver? Al final, estuve caminando a ver si llegaba a la Via Appia Antica, pero no la encontré. Como me quedaban pocas horas para ir al aeropuerto me fui de compras.

Aquí me dirigía a coger el tren que me llevaría al aeropuerto.

En el aeropuerto, que era de color verde, lo primero que se ve es un Vitruvio.
En la sala de espera, que nos cambiaron la puerta de embarque y sólo lo dijeron en italiano, pero lo entendí perfectamente. Da la sensación que era como volver de Cataluña, que te estás unos días y entiendes perfectamente lo que dicen. En Italia es parecido.
Y la hora de espera en el avión. Había huelga de controladores en Barcelona, así que tuvimos que esperar hasta que nos dieran vía libre para despegar. Ya me veía durmiendo en Fiumicino, aunque no me hubiera importado.